domingo, 3 de marzo de 2013

CUANDO LA ALCALDESA DE CÁDIZ PERDIÓ EL SOSIEGO


Si en algo ha sido especialmente habilidosa la alcaldesa de Cádiz es en mantener su propia imagen. Pero ha perdido el sosiego desde que su nombre apareció, el 1 de febrero, en un apunte de la supuesta contabilidad paralela llevada por el extesorero de su partido. Está en su derecho a negarle, con llantinas, autenticidad a esos papeles y en el de convencernos que quien escribiera su nombre, el 29 de abril de 2003, era el maquiavelo amanuense de “una estrategia despiadada” para dañar su imagen y la de su partido. Es un caso ya en los juzgados y esperaremos a ver cómo se resuelve. Lo que ahora me preocupa es que creo que ese nerviosismo personal está afectando la tranquilidad de Cádiz. Sólo esa merma de la necesaria serenidad para gobernar puede explicar que la alcaldesa haya perdido el sentido de la realidad gaditana y de la libertad que aquí significa el Carnaval, tanto en el registro de pancartas y la identificación de una chirigota crítica con su partido, en pleno concurso oficial del Falla, como con la desproporcionada actuación policial para clausurar, por las bravas, el pasado Carnaval Chiquito.

El Carnaval de Los Jartibles se celebra en Cádiz desde 1985, con absoluta normalidad y aceptación creciente. Por definición, una chirigota ilegal (que la gente de orden se empeña en llamar callejeras, como si el continente fuera más importante que el contenido) no se somete a ninguna censura previa ni, en lo honestamente posible, autocensura alguna, ni depende de subvención pública, ni es un negocio que pueda traspasarse de dueño si fuera rentable. Eso las sitúa fuera del mercado, justo en el lugar donde estamos la mayoría. Entiendo que la alcaldesa prefiera la orfebrería cantada de quienes sólo ven la plata en la ciudad envejecida, desempleada y de creciente despoblación en que se está convirtiendo Cádiz. Para ese gusto interesado, de piropo ideológico, se programa todo lo oficial. Lo que queda fuera, lo que está contra ese orden de verdad única, es la ilegal. Que ha terminado en refugio de esa legitimidad histórica del humor crítico, ingenioso, desmesurado y sin concesiones, que siempre ha sido el Carnaval gaditano. No por casualidad, siempre prohibido también en cada ventolera autoritaria. Supongo que la misma poca gracia han debido de hacerle, todos estos años, esas letrillas que la ponen vestida de ella misma. Pero fuera por prudencia política, fuera por no transfigurarse en intolerante ante sus fieles, a las ilegales sólo las ignoraba o se ha venido negando a cortar el tráfico en las calles donde actúan. Este año de nervios, no.

Si el argumento es que hay que aplicar la normativa de ruidos como si fuera un día ordinario más, está diciendo que, para la alcaldesa de esta ciudad que vive ya casi exclusivamente del turismo, el Carnaval Chiquito no merece excepción alguna, al ser otro día corriente. De días corrientes están llenas las tumbas de la hostelería gaditana. Y tan preocupante como este anteponer la inmaculada imagen propia al interés de buena parte de la ciudad, es que esta falta de prudencia se lleve por delante las libertades individuales en Cádiz. Salvo un no declarado estado de sitio, no es delito estar en la calle, ni tampoco lo sería cantar, para quienes quieren limitar todo este asunto a una cuestión de orden público. El propio parte policial, exhibido como auto de fe de verdad absoluta de los hechos, tiene una redacción literaria tan elaborada que a las chirigotas las llama “grupo de cuatro personas con una guitarra y bombo cantando una copla de carnaval". Lo que es no querer enterarse. Si quienes tienen que mantener la seguridad, por falta de tacto o de profesionalidad, convierten lo que era una supuesta molestia en una supuesta falta, y ésta crece hasta un supuesto delito de atentado, es que ese orden público no está bien garantizado. Es el sentido de la proporción. No sólo de los medios empleados según la coyuntura o la conveniencia, sino también entendiendo la oportunidad de lo que se hace y la dimensión de la respuesta. Cádiz se convertiría en una ciudad con sus libertades suspendidas y sin seguridad jurídica alguna si, a partir de ahora, cualquier incidente, incordio o queja ciudadana la solventa la autoridad a golpes y con denuncias de prisión. Pero me temo lo peor. Ayer mismo anunciaba el Ayuntamiento un nuevo plan de “control policial” en materias de su competencia. O la novedad consiste en que hasta ahora no se custodiaban adecuadamente, o lo que anuncia son nuevos métodos de vigilancia. En la debilidad, mostrar autoridad.

Manuel J. Ruiz Torres

miércoles, 20 de febrero de 2013

CACERÍA AL CINE


Por lo visto la industria del cine es la única industria subvencionada con dinero público. Eso, o que quienes sacan la cacería de las subvenciones cada vez que reciben una crítica piensan que una subvención implica contraer un agradecimiento eterno, en el que quienes reciben el dinero de todos pasan a convertirse en súbditos pelotas de quienes gobiernan. No tengo ni simpatía ni antipatía por el colectivo del cine precisamente porque, como en todo colectivo, los habrá apáticos, malos, buenos, creyentes, celiacos, extravertidos y siesos. Así que ya me huele mal ese empeño en meter a todo el que trabaja en el cine en el saco de los millonarios de izquierda frívolos e incoherentes. No se dice que el noventa por ciento de esa industria está en paro. Ni que la mayoría de quienes trabajan lo hacen en unas condiciones de explotación que orillan la esclavitud. Conozco casos de guionistas que están cobrando cuatrocientos euros por cinco meses de trabajo; de directoras que ruedan anuncios o videoclips musicales por cien euros. Incluso caras muy conocidas, de pronto desaparecen durante años, o del todo. Sobreviven de hacer series de mierda o anuncios para empresas detestables, a sabiendas de que si alguna vez protestan en una gala que medianamente sigue la gente, las van a crucificar por colaboracionistas de la telebasura o por poner su cara amable a empresas explotadoras. Como si el resto del país no trabajáramos también donde podemos, la mayoría en empresas o administraciones abusadoras y repugnantes.

Aquí, el ministro caricato de Hacienda que, allá su inconsciente, en cada comparecencia confunde el Parlamento con el Teatro Chino de Manolita Chen, no sabe quienes se han acogido a su amnistía fiscal pero sí que sabe que hay actores y actrices que no pagan sus impuestos en España. Como entre chiste y chiste suyo, esos que tanta gracia le hacen, no se sabe explicar, aún no sé si denunciaba la obviedad de quienes trabajan fuera del país –que, lógicamente, igual que los ingenieros o los montadores de tuberías- los pagan en el país donde cobran; o si, en cambio, estaba revelando un delito fiscal, como el que se juzga en Valencia sobre el cobro por Julio Iglesias de tres millones en negro supuestamente pagados por el gobierno popular de esa Comunidad. Pero el cantante no está en la diana de las calumnias, supongo que no por su proximidad política sino porque dejó el gremio del cine a tiempo. Con charaditas así, y la encendida indignación de la corte de tertulianos, que cobran de las microscópicas televisiones digitales mantenidas por la publicidad institucional de gobiernos del Partido Popular, se consigue que actrices y actores que no conoceremos nunca nos caigan personal y rematadamente mal. Porque viven a cuerpo de rey con nuestro dinero. Con las subvenciones.

Y sí, es un escándalo. Porque aunque el gobierno popular haya cambiado el sistema de subvenciones, ahora sobre su rendimiento comercial y no sobre proyectos, se sigue aireando la demagogia. El 27 de noviembre pasado se publicaron en el BOE las ayudas a la amortización de largometrajes estrenados durante el año 2010: 34,5 millones. Primera mentira: esa cantidad no es para subvencionar obras que no ve nadie, sino que se entrega más dinero a las películas de mayor presupuesto y con mayor taquilla conseguida. Así, una película tan manipuladoramente izquierdista como Tres metros sobre el cielo (chico violento conoce chica pija, chica conoce carreras de motos ilegales, chico y chica lo dejan) obtuvo la mayor cuantía, dos millones.

Segunda mentira: El cine español vive artificialmente de las subvenciones. En el último año con datos completos, 2010, la industria del cine recibió un total de 92,36 millones de dinero público. La recaudación en España fue de 80,3 millones, cierto que con una caída de espectadores, pero recaudó más de 41 millones en el exterior. Eso supone casi 29 millones de euros de beneficio.

Es importante señalar que esa cantidad es-can-da-lo-sa de los 92,36 millones en subvenciones se entregó a los empresarios de la industria del cine, no a sus trabajadores. Como no la reciben tampoco quienes trabajan, con menos notoriedad y por lo mismo menor antipatía pública, en la industria del automóvil o en la de la energía fotovoltaica. Por cierto, la industria taurina recibió, ese mismo año, gobernando los socialistas, 564 millones en subvenciones, seis veces más que el cine. Al actual gobierno popular, tan coherente, le parece insuficiente y ya ha anunciado un aumento de ayudas a la tauromaquia. Si no los critican, supongo.

Manuel J. Ruiz Torres

miércoles, 13 de febrero de 2013

LA CORRUPCIÓN, B.I.C.


Creo que el Gobierno debería considerar muy seriamente la declaración de la corrupción como Bien de Interés Cultural. Acaba de hacerlo con la fiesta de los toros que, como su propio nombre indica, se trata de regocijarse haciéndole algo muy divertido a unos toros. El que las víctimas de estas dos extendidas aficiones no se presten de buena gana a que los sangren, no hace más que aumentar la excitación con la que unos y otros practican su arte. La resistencia del martirizado aumenta el ingenio del torturador, ya sea para cambiar los sobres por privatizaciones, ya para recibir el envite con el pie derecho adelantado en vez del izquierdo, en una de esas creaciones personalísimas que convierten al toreo o a la corrupción en un arte incontestable. El que ambos espectáculos repitan siempre el mismo guión y tengan, salvo contadas excepciones que dan lugar a abundante literatura, el mismo final absolutorio del artista, ya sea con la muerte del toro troceado en vivo, ya con la anulación de pruebas por defectos de forma, no nos debe hacer dudar de la propia condición de arte que tiene lo que hacen. La emoción de la sorpresa, la creatividad, la voluntad de explicarnos el mundo y nuestra efímera presencia en las otras artes son ingredientes sobrevalorados frente al arrojo, la falta de conciencia, la habilidad para el engaño con la muleta o con lo que se ofrece de señuelo en unas elecciones o una hipoteca. Tanto el toreo como la corrupción cumplen lo dispuesto en la Ley de Patrimonio Histórico, en tanto son o han sido expresión relevante de la cultura tradicional del pueblo español en sus aspectos materiales, sociales o espirituales. Igual que la Inquisición, la expulsión de judíos y moriscos o las guerras civiles, necesitadas también de la misma figura de protección y salvaguarda ante las amenazas de su olvido por la intolerancia y los prejuicios del mundo moderno.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Instrucciones genéticas

Un poema de mi libro El inicio del mundo (Ed. Renacimiento, 2011)


INSTRUCCIONES GENÉTICAS

Para abrazar mejor es necesario acercarse al otro
desde una tesitura semejante,
entender la necesidad ocasional de quien te recibe
para no parecerle inoportuno,
deshaciendo así la armonía que ha de gobernar ese movimiento.
El abrazo debe ser espontáneo pero no sorpresivo
para dar tiempo a que los dos
desarrollen mejor sus avenencias.

Llegados al contacto, habrá de medirse la presión
con la que nos presentamos.
Ni tan robusta que ahogue
ni tan esponjosa que transmita inconsistencia.
Pero mayor cuidado habrá de tenerse en huir del término medio,
porque quizás se interprete como que nos mueve el cálculo,
principal motivo por el que tan hermoso gesto se desinfla
de sus distintas posibilidades redentoras.

Todo buen abrazo debe dejar una salida abierta,
para no confundirse con una presa.
Han de poder moverse ambos en su interior con comodidad,
aún dentro de su conocida angostura,
sin que la misma suponga, para ninguno,
menoscabo de su bien ganada condición
de organismos independientes.

Su duración debe ser tal que a ninguno
le apetezca cronometrarlo.
Ni tan prolongado que nos saque de su hechizo
ni tan parco que dudemos de la experiencia.

Sólo los mejores abrazos consiguen mantener su paso de baile
cuando los dos se apartan.



sábado, 15 de diciembre de 2012

Presentación de "Badián no es un anís"

El escritor gaditano José Rasero Balón, aunque nacido circunstancialmente en Alhucemas, presentó ayer su novela Badián no es un anís (Ed. Alternativa Luz de Luna, 2012) en el bar más antiguo de Cádiz, La Parra del Veedor. Es su segunda novela, después de la impactante y fresca Laila (Altazor, 1997) y de su poemario Brochazos (2001). Producción, pues, muy meditada siempre, con mucho trabajo detrás. Este mismo Badián no es un anís es fruto de tres años de escritura, retomando un primer texto de finales de los noventa. Escritor también sedimentado tras muchas experiencias, muchas riadas que han traído estos aluviones. Fotógrafo, músico de saxo en grupos de la particular movida gaditana de principios de los ochenta, profesor de Instituto de Lengua y Literatura ya retirado, corresponsal de la realidad en diversos blogs y revistas digitales, José Rasero nos contaba ayer mismo que encuentra verdadera comunicación en estas redes. Ayer se le pudo ver en persona rodeado de quienes lo seguimos con el interés que merece.


Badián es el nombre de la planta del anís estrellado, pero Badián es también el nombre del protagonista principal de esta novela en tres capítulos. Tiempo habrá de reseñarla cuando la lea, pero ahora, en estos apuntes de urgencia del acto de presentación, sí conviene avanzar lo que su autor reveló sobre su construcción, o sobre su banda sonora, entre el flamenco y la siempre armoniosa grandeza de Bach.

Parte de una anécdota cierta, el entierro en Pobra do Caramiñal de Juan Villasante Paz, supuestamente llevando en uno de los bolsillos de su traje un décimo de lotería premiado con cinco millones de las antiguas pesetas. Las pesquisas probaron, después,  que el décimo fue sustraído antes del entierro, y no se llegó a exhumar el cadáver. Rasero viajó al lugar, en un trayecto de tren releyendo a Valle Inclán, y pudo conocer que en ese pueblo hay un monumento al mismo escritor, asiduo de la población, y que se celebra allí, cada tercer domingo de septiembre, La Procesión de las Mortajas, un sorprendente cortejo de personas arrebatadas a la muerte que hacen procesión detrás de su propio ataúd  Son personas que se habían salvado de una grave enfermedad o de un accidente, y agradecían así esa prórroga de vida obtenida. Es el origen lejano del primero de los capítulos de la novela. El segundo, utiliza las propias vivencias de José Rasero como profesor de Instituto. Y, en el tercero, ambas historias se entrecruzan, terminando por descifrarse.

Novela prometedora, que Chencho Zocar, su presentador, no dudó en calificar de fantástica.

viernes, 23 de noviembre de 2012

LA PRENSA IMPRESCINDIBLE



En muchos zócalos de México y de toda Latinoamérica aún existe el oficio del escribidor, que se encarga de poner en papel las peticiones oficiales, pleitos, añoranzas o deseos amorosos de quienes no saben escribirlo pero sienten la necesidad de esa comunicación en su piel o en su economía. Dicen que ese oficio desaparecerá cuando la población esté alfabetizada. No lo creo, porque su especialización es semejante a la de médicos o abogados, que hacen de guías por terrenos que la mayoría desconocemos. De hecho, el oficio de escribidor hace iguales ante los vericuetos escritos a quienes saben y a quienes no saben de eso. Lo mismo que hay quienes también nos igualan a quienes somos analfabetos en fontanería, electricidad o manejo de ordenadores. En nuestro contexto esos y esas escribidores trabajan en periódicos. Sólo que, al multiplicar su capacidad de difusión, no sólo guían e igualan al cliente puntual que les necesita, sino que trabajan por la igualdad de la sociedad entera.

 
Cuando un periódico, como aquí el Diario de Cádiz, se plantea despedir a un tercio de quienes lo escriben, está cometiendo un inconcebible ejercicio de negación del sentido de su propia existencia. Transmite a la sociedad que esos y esas periodistas no son imprescindibles para seguir contándonos lo que pasa. Y, en esa lógica, si se niega lo imprescindible de ese oficio, ¿cómo justificar que seguirá siendo imprescindible el medio donde se transmite? Si la empresa no defiende su propia utilidad, la sociedad puede creer que puede vivir sin prensa. Que es tanto como quedarse sin mirar hacia fuera de uno mismo.

 
Por desgracia, hace tiempo que las empresas de comunicación se quedaron sólo en empresas. Ya ni siquiera con ese espíritu de pervivencia de los negocios familiares, grandes y pequeños, que trabajaban no tanto para ganar lo máximo hoy sino para que siguieran viviendo de ello sus descendientes. Para aumentar la ganancia inmediata, el periódico se somete a sus anunciantes, empresas y políticos que pueden romper la hucha pública para permitirse arrinconar o eliminar directamente las noticias incómodas. Para que crezca esa misma ganancia, se manda al paro a profesionales formados y se obliga a quienes se queden a redoblar su esfuerzo, porque da igual la calidad de lo que se ofrezca. Por ese beneficio, se prescinde de buscar fuera lo que ocurre, y por supuesto de reflexionar sobre ello, porque ya les vienen dadas las notas de prensa desde los distintos poderes. Pero, con una prensa convertida en empresa de anuncios, sin calidad, manipulada y sin esa función de entender la realidad, que es su sentido, ¿qué clientes espera conservar en el futuro esa empresa tan saneada como prescindible?

 
Manuel J. Ruiz Torres

martes, 23 de octubre de 2012

LA ENGAÑIFA D´HONDT


 
Ya se ha visto el sentido estafador de la voluntad popular con la que la Ley D´Hondt  hace las cuentas electorales. En Galicia, el Partido Popular sólo ha ganado unas elecciones periféricas con esas cuentas trucadas. Es una completa desvergüenza convertir la pérdida de 135.000 de sus votantes en un apoyo mayoritario en el resto del Estado a la política de recortes e incumplimientos. Y, sin embargo, la casi completa totalidad de comentaristas al servicio del Ministerio del Reich para la Ilustración y Propaganda (Reichsministerium für Volksaufklärung und Propaganda), ocultan ese rechazo de uno de cada cinco de sus antiguos votantes, y enseñan los dientes de su reparto del botín de votos para justificar que las próximas cuchilladas las estamos pidiendo, la mayoría, a gritos de satisfacción masoquista. Discurso que se completa con el del derrumbe cierto del Partido Socialista, que alguna vez tendrá que jubilar del todo políticas y personas (en Madrid, como en Cádiz) que les han llevado a perder la credibilidad. Cuando tu electorado no te vota, estando en la oposición, es porque no te cree. Y, teniendo el modelo griego de unidad de su izquierda, que aparezca una Sýriza española que proponga soluciones menos comprensivas con el capitalismo, sería ahora una posibilidad más real de ese sorpasso que Anguita preconizó en los noventa.

 
He jugado un poco con un simulador de la Ley D´Hondt. Con algunos resultados curiosos. Sin los votos de los partidos que no han obtenido representación, el reparto daría al PP dos diputados menos y al Partido Socialista uno menos; mientras que Alternativa Galega de Esquerda (AGE) tendría dos más y uno más el Bloque Nacionalista Galego (BNG). Está claro, que esos votos minoritarios, muchas veces testimonio de la indignación contra los partidos mayoritarios, terminan beneficiándolos. Como votar en blanco, que al elevar el número de votos necesarios para alcanzar el listón electoral del 3 %, deja también fuera a más minoritarios.

 
También he probado a ver qué resultado se hubiese obtenido si esos dos grupos, AGE y BNG, a la izquierda del Partido Socialista, se hubiesen presentado juntos. Es lo que empezó a negociarse, abierto a otras formaciones, como embrión de lo que será en el resto del Estado, ya lo verán, una nueva alternativa radical de izquierdas. Obteniendo, sólo ellos dos, un total de 345.490 votos. El Parlamento gallego hubiese quedado (falseado también por la abstención que nunca contabiliza y la propia D´Hondt) con 38 escaños del Partido Popular, 20 escaños la coalición AGE-BNG y 17 escaños el Partido Socialista.

 
Esta especie de política ficción creo que indica lo que unos deberían corregir y otros unificar. Unos no lo harán. Y otros no lo harán del todo. Porque lo verdaderamente importante es recuperar el respeto de quienes se sienten fuera de esa política de falsa representación. Con más democracia directa, nada menos. Pero eso no les conviene a las cuentas de quienes diseñaron este sistema. Que ya sólo entiende de balances y de cuentas pendientes.

 
Manuel J. Ruiz Torres