viernes, 12 de diciembre de 2014

La Ley de los Etcéteras

La mal llamada Ley de Seguridad Ciudadana que aprobó ayer el Congreso supone desmantelar todo el capítulo de derechos y libertades que la desnutrida Constitución aún mantenía. Difícilmente puede aportar “seguridad” una ley que elimina la elemental seguridad jurídica de que sólo te condenen por algo que esté expresamente prohibido. Ahora queda a la ambigua interpretación de lo que “pueda alterar el orden público”, coletilla con la que terminan los artículos de la mayoría de las situaciones que penaliza. Que es tanto como meter en la ley un “etcétera” que le sirva de comodín a quien interese.

Con esta ley, cualquier autoridad puede suspender una manifestación legal sólo con considerar peligrosas las pancartas, por si se pudieran usar como palos. Cualquiera puede prohibir lo que considere irritante para alguien, por prever una reacción airada de los ofendidos. Ya sea un acto por la laicidad o una concentración de hinchas. Es una ley preventiva, pues castiga según las presunciones o los prejuicios de la autoridad, no siempre por hechos ya realizados. Vuelven a penalizar grupos, no personas que cometen delitos concretos. En esa generalidad de vagos y maleantes, la ley permite castigar (con multas, con cacheos) por el aspecto, el pelaje, las ideas o la vida privada (estar donde no deberían estar, según ellos, por ejemplo).

Es una ley ventajista pues defiende especialmente a quien la promulga. Capacita para multar todo lo que les moleste: manifestaciones, escraches, protestas pacíficas, críticas y convocatorias en redes sociales. Es una ley elitista que, aunque no le gusta al ochenta y dos por ciento de los encuestados, el gobierno mantiene en su convencida Ilustración paternalista. Es una ley justiciera, donde quien denuncia y quien castiga es la misma autoridad. Es una ley que saca ese castigo, que ahora será un trámite administrativo, de las garantías de un juicio justo, imparcial, con presentación de pruebas y testigos, y con presunción de inocencia. Esta derogación de la protección jurídica se completa con su también exclusivista Ley de Tasas, que sólo permite recurrir la arbitrariedad de esos castigos a quienes puedan pagárselo.

Es una ley inhumana que hace imposible el derecho de asilo. Es una ley opaca, que facilita la impunidad de posibles delitos cuando castiga la mera difusión de intervenciones policiales. Si éstas son abusivas, desproporcionadas o discriminatorias están penadas por el Código Penal. No se entiende que la obtención de pruebas, si ayudan a esclarecer cualquier delito, se considere colaboración con la justicia en todos los demás casos, pero merezca una fuerte multa si quienes delinquen llevan uniforme. En este exceso de celo protector, llegan a transmitir la desconfianza que el legislador parece tener en el cumplimiento legal de sus funciones de protección del libre ejercicio de derechos y de garantizar la seguridad ciudadana. Entendido en un sentido políticamente neutral, profesional y de servicio público. Este es el problema. Se legisla como si la seguridad ciudadana fuera sólo un asunto de orden público en el que se castigan las reacciones que no gustan pero no lo que las causa. El ideario y muchas de las propuestas de esta ley mordaza ya estaban, literalmente, en la Ley de Orden Público de 1959. Pero eso no es remover el pasado. Es imponerlo.

jueves, 4 de diciembre de 2014

La Escuela de Hostelería de Cádiz se encierra para no cerrar

Hoy, poco más de un año después de que los responsables políticos aseguraran que no volverían a darse más impagos, vuelven a encerrarse en la Escuela de Hostelería de Cádiz por la apatía con la que la Junta de Andalucía deja pudrirse el mejor vivero de talento para la hostelería gaditana que hemos tenido nunca. En medio de esa desgana con la que una cadena de incompetentes políticos dejan pasar el tiempo, sin capacidad para salir de una maraña burocrática que han engordado ellos mismos, está la tragedia personal de las trabajadoras y trabajadores de esta Escuela a los que, desde hace siete meses, no se les paga el trabajo que hacen.


A esos políticos no les reclamo la responsabilidad de que se vayan si no saben hacer su trabajo. Porque, escuchándolos, estoy convencido de que no saben cuál es su trabajo. Es gestionar, es administrar, es resolver. Es crear riqueza, no es secar, no es aburrir, no es desmotivar la que hay. No es justificar el poco interés y el poco tiempo que sus superiores le dedican a fortalecer el sector principal de la economía gaditana, el turismo. Es convencer a esos mismos ilustrísimos de que no es –como parecen creer- un problema menor, mal cuantificado en el número de quienes trabajan en la Escuela, sino algo tan fundamental como que la formación termina por decidir a nuestros posibles visitantes por un destino u otro. 

Hay muchos destinos más baratos que nuestra provincia, con tan buen clima como el nuestro, con una naturaleza tan hermosa y con unos ingredientes tan sabrosos como los nuestros. Si, al final, seguimos creciendo frente a las nuevas competencias es porque el turismo y la hostelería gaditanas están, en su mayor parte, en manos de personas formadas. Profesionales capaces de sorprender, de enriquecer, de mejorar un destino ya rico en lo natural. Una buena mesa y un buen hotel, comentado luego en la satisfacción de quienes nos visitaron, son nuestra más inmejorable publicidad. No sólo esos FITUR, ni esos viajes de promoción, ni esas megapresentaciones lujosas a la que tan gustosos se apuntan esos mismos políticos, y que no son más que vender humo tras humo si no existieran, sosteniendo el interés creciente por lo gaditano, tantos profesionales preparados en darle dignidad a este generoso trabajo. Ese es el verdadero problema de quedarnos sin la Escuela de Hostelería de Cádiz, de donde han surgido muchas y muchos de los reconocidos como los mejores.

A estas alturas, a esos políticos de la mensajería, conformes con hacer de meros intermediarios, apocados en no perturbarles la tranquilidad a quienes les mandan desde Sevilla, sólo les pido que se crean lo que dicen. Que defiendan esos discursos que alguien les escribe y sueltan sin arrugarse, sin que se les caiga la cara de vergüenza, tan bonitos. Eso de que el turismo es nuestra industria fundamental, la gran bolsa de empleo. No lo digo yo, lo dicen ellos. Un trabajo que, como también enseñan en la Escuela, incluyendo lo que de enseñanza tiene este encierro y esta lucha, tiene su principio en la dignidad. Condiciones de trabajo dignas y un salario digno, incluyendo el cobrarlo en cuanto se realiza. No deberían olvidarlo quienes ganan elecciones con la bandera –tan ondeada, tan bien sonante, tan correcta- de la defensa de la dignidad de los trabajadores. Pero, cuando se ponen elegantes, parecen olvidar no sólo cuál es su trabajo sino qué defienden.

lunes, 10 de noviembre de 2014

UNO DE LOS NUESTROS


El principal problema de la corrupción es la comprensión con la que buena parte de la sociedad juzga cada caso, según la simpatía o la afinidad que personalmente les despierta quien se beneficia de ella. Si esa comprensión se volviera rechazo absoluto a todos los casos, sin buscarle atenuantes o justificaciones a “nuestros” corruptos, podríamos hablar ya de casos aislables, a los que aplicar la ley. Pero la ley no resuelve ni los entramados de complicidad ni, mucho menos, las oscuridades con las que quien hizo esa ley quiso proteger a “lo suyos”.

En pocos días, hemos visto como multitud de firmas pedían un trato de impunidad para Isabel Pantoja, sólo porque les cae bien o porque consideran “menor” su corruptela, se supone que en comparación con otras más odiosas, las que practican los que no les caen bien. Desconfío de los que personalizan su indignación, nombrando solo por su nombre la podredumbre que afecta a los que él o ella no votarían nunca, ya se quejen de la Gürtel o de los EREs, para añadir, como un limbo, “y las demás cosas que pasan”. Se dice que lo que no se nombra no existe, al menos en la voluntad de quien habla. No se extrañen luego de que los partidos hagan, con los suyos, lo mismo que sus votantes. Entenderlos y protegerlos. A las pocas horas de saberse lo de los viajes de Monago, ya había salido su partido justificando esas visitas como de trabajo en las Canarias, aunque ninguno de sus correligionarios allí habían tenido reunión alguna con el viajante y les cogió con la hora cambiada para sumarse a la coartada. Si estuviera aislado, vigilado por quienes -tan de boquilla- defienden la integridad de los suyos, esa situación se habría sabido antes. Por eso me parece más grave lo que no se sabrá nunca, por la misma opacidad con la que sus señorías han regulado todo lo que hacen por nuestro bien. 

Porque puestos a indignarse me parece igual de abusivo que quien nos representa, con un sueldo sobrado para pagarse la ida y vuelta al lugar de trabajo, como hacemos todos, cargue sus escapadas personales al dinero de todos, y me da igual que sean para ver a la novia como para ver, cuando les apetezca, al marido o a la esposa. Eso que un cínico profesional de la política acaba de ampliar a “donde tienen su vida privada ese fin de semana”. Barra libre de tour operator que no sé dónde encaja en eso que el reglamento del Congreso de Diputados llama “gastos que sean indispensables para el cumplimiento de su función”. Y que en el del Senado se relaja de “indispensables” a “necesarios”. Y quizás aquí, en ser más exigentes con lo que es intolerable, a lo mejor, está la corrección de tanto expolio como padecemos.

Lo intolerable no siempre es delito. De hecho, hay una voluntad consensuada de las mayorías políticas por mantener actitudes de expolio del dinero público fuera del sacrosanto terreno de lo penal. Y eso es posible porque a mucha gente le parece normal lo intolerable, si lo hace uno o una de los nuestros. Cuando consideremos corrupción el poner a su servicio los medios de comunicación públicos, o comprar periódicos con la cuenta de los anuncios institucionales, o mantener asesores en cargos públicos para que trabajen para su partido, o usar información de la administración que gobiernan para amedrentar a sus adversarios, o que los contratos los ganen siempre legalmente los mismos, empezaremos a aislar la corrupción. No es sólo el que se lo lleva directamente. También quienes favorecen interesadamente a su grupo o partido. Los que se callan para no perjudicar a los suyos. Para que luego la organización les pague el servicio. Limpiamente.


Manuel J. Ruiz Torres

sábado, 25 de octubre de 2014

La Melaza, tambores de mujeres en el Candombe

Asistimos ayer, 23 de octubre, a la conferencia que sobre la historia del Candombe en Uruguay y la participación de la mujer en esta manifestación popular, ofrecieron dos integrantes del grupo La Melaza, Chacha (Ana Claudia de León) y Vanessa Gamarra.

El Candombe, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde 2009, es una manifestación que aúna el diálogo que se crea entre los diversos tambores, la danza que se mueve con esa música y, en ocasiones, el canto. Las componentes de La Melaza desplazadas hasta Cádiz para mostrar esta cultura afrouruguaya empezaron el acto, precisamente,,cantando su presentación. El nombre de la agrupación, la primera con la cuerda de tambores formada únicamente por mujeres, parte de la canción "Caras lindas", del compositor puertorriqueño Tite Curet Alonso: "Las caras lindas de mi gente negra / son  un desfile de melaza en flor (...)/ somos la melaza que ríe / la melaza que llora / somos la melaza que ama / y en cada beso es conmovedora".


Empezó Chacha haciendo un recorrido de la historia del Candombe. Desde el siglo XVI la trata de esclavos se convirtió en un gran negocio, en el que España entró directamente a finales del XVIII. El puerto de Montevideo se nombró único centro de entrada de esclavos negros en América. Allí, tras pasar una cuarentena, se distribuían por el resto del continente. La mayoría eran del área Bantú, bien del África Oriental (Mozambique) o de la Ecuatorial (Congo y Angola); también llegan de los reinos occidentales (Mina, Guinea, Fulah, Hauza, Carabalí). En su origen, los Candombes los celebraban los negros africanos y sus descendientes en las Salas de Naciones, según su origen, el 6 de enero, como recordatorio de la coronación de los Reyes Congos. Se nombraban un Rey y una Reina Congos, de origen africano. Algunos de aquellos instrumentos antiguos se han perdido: quijadas de burro o calabazas. Como tampoco se conocen las letras de lo que se cantaba.


Pasan a mezclarse con otros inmigrantes blancos en los Conventillos, viviendas colectivas, con cuartos individuales y comedores y baños compartidos. A partir de 1870 surgen las Comparsas de Sociedades de Negros. No surgen de cada Nación sino que ya son mezcla de las diferentes culturas de las naciones africanas. En el Carnaval de 1874 aparece la primera agrupación de blancos, la de Lubolos; comerciantes y profesionales que se pintaban de negro y vestían como los de origen africano.

Conventillo Medio Mundo, uno de los iconos de la cultura afrouruguaya

La Comparsa es la agrupación que reúne los personajes típicos del Candombe. La Mama Vieja, de baile cansino, representa toda una vida dedicada a sus tareas, es la ama de llaves, la esclava de confianza y la nodriza negra que amamantaba a los hijos de sus amos. El Gramillero o bastonero, de barbas blancas, que sabe de hierbas medicinales. El Escobillero, de atuendo africano, lleva en su indumentaria elementos de poder, como espejitos, cintas o caracoles; la escoba simboliza un arma, un instrumento de lucha.

El ritmo candombe está formado por un diálogo entre tres tipos de tambores: Piano, Chico y Repique. El más grave, el Piano, el más grande, es el que forma el ritmo, hace un llamamiento. Cada agrupación tiene un ritmo de piano que la identifica. Hay tres grandes estilos, según los lugares donde nacieron las principales agrupaciones de candombe. El estilo Cuareim, el más tradicional, con el ritmo pausado, alternando variaciones con los fraseos de los tambores repiques; el estilo Ansina, a un ritmo más rápido, donde los tambores piano combinan golpes repicados dialogando con los tambores repique; y el estilo Cordón, que es una mezcla de los dos anteriores.

El tambor Chico, el más agudo, mantiene la métrica. El tambor Repique lleva la creatividad y la improvisación.

La Melaza actuando en la plaza del Hotel Playa, el pasado domingo 19 de octubre

A continuación, Vanessa Gamarra hizo un interesante recorrido por la historia de la propia agrupación de La Melaza. Empezó con algunos precedentes de mujeres en el candombe, como un vídeo antiguo donde podía verse a una única mujer tocando en la cuerda de tambores. La única que iba sin máscara africana ni con el vestuario del resto de la comparsa. Siguió citando a otras mujeres fundamentales para el candombe, como Isabel "Chabela" Rodríguez, fundadora en 1995 del Coro Afrogama, con un importante activismo de identidad étnica y de género; o Berta Pereyra y Las Comadres.

En el 2005, con motivo del Día Internacional de la Mujer, hacen una convocatoria y desfilan, por primera vez, alrededor de 80 mujeres tocando la cuerda de tambores y unas 50 bailarinas. Después de salir en los años siguientes, en 2008 participan en el Desfile Oficial de Llamadas. Una fiesta popular en el que, durante dos días del Carnaval de Montevideo, desfilan las agrupaciones (que lo consiguen en un concurso previo) por las calles de los barrios Sur y Palermo. Ese año quedaron octavas entre veinte participantes. Este año 2014 han participado en el Desfile de Llamadas como invitadas, un honor como comparsa.

En el Desfile, que de alguna manera reproducen en los pasacalles que les hemos podido ver en Cádiz, primero va la portaestandarte, a la que sigue la bandera, y luego una serie de artilugios de fantasía (lunas, estrellas, luces), seguidos del cuerpo de baile y, tras ellas, los personajes (la mama, el gramillero y el escobero), las vedettes (una incorporación reciente, de mediados del siglo XX) y, finalmente, la cuerda de tambores, que marcan el pulso del desfile. El paso corto de las integrantes de esta cuerda de tambores se inspira en el andar lento de los esclavos, con grilletes en los tobillos, que apenas podían andar. Detrás de las comparsas se suman los seguidores o fanáticos de la cuerda y bailarines espontáneos.



Desfile de Llamadas el 14 de Febrero de 2014

Cada año eligen un motivo de vestuario y maquillaje, desde el que recordaba al origen africano de esta fiesta a los que incorporan detalles vegetales para homenajear a la naturaleza. Contaron que en 2012 mezclaron en su indumentaria y presencia los distintos orígenes del Uruguay actual. Con mujeres que representaban la criolla blanca europea, la indígena o la africana.


Actualmente el grupo está formado mayoritariamente por mujeres, de entre 20 y 55 años. Salen cada domingo por el barrio Parque Rodó, junto a la costa del Río de La Plata, donde vivían la mayoría de componentes de la agrupación cuando se fundó. La cuerda de tambores está formada exclusivamente por mujeres, si bien incluye hombres el último domingo de cada mes. En este tiempo, las mujeres han ido generando un estilo propio de tocar candombe, más cadencioso, con comunicación entre los tambores.

En el cuerpo de baile participan mujeres, hombres, niños y niñas.


Como final de su conferencia, dieron una pequeña muestra de su candembe. Nos explican en su web que tocan sobre la base del estilo Ansina, pero más lento. Con un toque firme pero no fuerte en volumen. Jugando con los matices de volumen y velocidad.

Companentes de La Melaza en Cádiz

miércoles, 15 de octubre de 2014

Poemas con alimento, de Eduardo Fraile

Traigo aquí, en cuatro partes, el recital que dio el poeta Eduardo Fraile en la muy popular Tienda del Bacalao, Alimentación Heras, ya con ochenta años de historia en Valladolid. Fue el 12 de abril de este mismo año, 2014. Y aquí, la crónica de ese recital.

Eduardo Fraile (Madrid, 1961) es poeta y editor. Reside en Valladolid. Tiene publicados diecisiete libros de poesía textual, para nada convencional. Directa, cómplice, hermosa, humana, limpia. Trabaja, también, la poesía visual y experimental.

En esta lectura, a instancias de su amigo, Javier Heras, propietario de la tienda, recita textos que hablan de comida, no como un placer hedonista ni individual, sino como un hilo que desentraña recuerdos muy profundos, privaciones y aprendizajes. La comida, con su carga de olores y tactos, muchos años después, nos acerca al origen. Y, si estamos atentos, explica, alivia o recompensa.




Y aquí, la segunda parte de ese recital.



La tercera parte:



Y, finalmente, la cuarta parte:



lunes, 29 de septiembre de 2014

Los Pichas de La Rondilla

Los Pichas es un grupo de Valladolid que rompen el tópico de esa ciudad como conservadora, seca, aburrida. Esa ciudad existe, claro, pero a su vez hay otra que supera esa asfixia que, en los días malos llaman Valladolor, y en los buenos, Pucela. Los Pichas son un grupo realmente grande, sorprendente, fresco, que nació sin ambiciones (para cantar en la boda de un amigo) y que crece sin cambiar esa intención de cantar para divertirse. Podrían ser un grupo gaditano, si nos agarramos a otro tópico, pero ni lo son ni falta que les hace. Aunque toquen el pito de caña diciendo que son violines, o hagan popurrís de Peret, o algunas de sus letras triunfarían como las mejores callejeras del carnaval gaditano. Pero no son de este ombligo. Se declaran más que localistas, de barrio. De La Rondilla. Lugar que, en una primera visita, pocos calificarían de maravilloso, siéndolo a raudales en su diversidad, en lo natural que parece ese sitio donde han terminado por coincidir inmigrantes de todo el mundo con los emigrantes también, que llegados del campo castellano, entraron a trabajar para la Renault, en el desarrollismo de finales de los sesenta.

Los Pichas en su actuación en el Bar La Luna, de Valladolid, este viernes 26 de septiembre

Dicen que hacen rumba rondillera, que es tanto como pasar por ese ritmo y esa actitud de barrio éxitos de la copla, desde Raphael a Bambino o Lorenzo Santamaría. A veces versiones exactas, transformadas del todo por esa manera canalla o socarrona de cantarlas.



Otras, quedándose sólo con el forro para llenarlo de textos propios. Así el "Soy rebelde", que interpretara Jeanette, pasa a ser su "Voy de verde", con un guardia civil amanerado, o el "Amigos para siempre", de Los Manolos, se convierte en todo un Himno de La Rondilla.



El cantante, Javier Carballo, es también actor del prestigioso grupo de teatro para niños Teloncillo, Premio Nacional de Artes Escénicas para la Infancia y la Juventud 2013. Es, además, portavoz de la Plataforma por el Arte en Vivo de Valladolid. Junto a él, tocan Alberto Vicente, a la guitarra; Agustín de Villafáñez, (con un largo recorrido en bandas históricas de Valladolid: Reflejos, Exit, UA, Rosas en Blanco y Negro o Bitter Fix) a la percusión, e Iván Pastor, al bajo eléctrico. Tienen un directo potentísimo.

Aquí una actuación bastante completa:




miércoles, 18 de junio de 2014

NOS ENVENENARON


En unas horas (hoy mismo, 18) se presenta “Sin comillas”, libro que recopila artículos periodísticos de 22 autoras y autores con sus muy particulares maneras de entender la realidad, o  sus sucedáneos. Yo soy uno de esos autores. Como me pedían varios artículos publicados y uno inédito, me vi en la tesitura de releer mis opiniones de hace unos años, en especial los artículos políticos que bajo el título de “Los Peligros” publiqué en La Voz de Cádiz. Es decir, hace entre cinco y diez años. Lo pasé mal en esa selección porque no me reconozco ahora en aquella persona templada, tolerante, comprensiva con quienes no pensaban como yo. Argumentaba entonces cada opinión, citaba leyes, normas que se incumplían en cada crítica que les hacía. Nunca llamé a nadie mentiroso, porque eso suponía prejuzgar sus intenciones de engañarnos. En esos casos, sólo señalaba que lo que decía quien fuera no era cierto. Y recuperaba datos de la hemeroteca, declaraciones donde se pedía en la oposición lo que se negaba en el gobierno. Y viceversa. Creía en esta democracia, incluso en su aceptado juego de hipocresías que garantizaba cierta convivencia. Ya no creo.

En tan pocos años han vaciado tanto de contenido ese pacto chantajista que supuso la transición, que lo que queda ahora es sólo el culto oficial, la liturgia cada vez más preconciliar, en latín y de espaldas al público, repetitiva y autoindulgente, de elegir quienes harán lo que les dé la gana hasta la próxima. A base de quedarse con todo el sistema nos han dejado fuera a los demás. Parece que sigue sin importarles. Ya pudieras votar socialista que las circunstancias del mercado convirtieron tu elección en soluciones neoliberales para un drástico recorte del gasto social; ya votaras, a la siguiente, a los populares que, el mismo mercado de antes, convirtieron tu elección en soluciones estalinistas, como la nacionalización de la deuda. En lo que coincidieron ambos es en que había que pagar antes esa deuda que crecer como país, sin cuestionar si la deuda era justa y quienes la habían contraído, para que se la pagaran ellos, como hago yo con mi hipoteca. Nos envenenaron.

A ese primer gran legrado de la Constitución, le han seguido otros, no insignificantes. A la decepción socialista le ha seguido, con el gobierno popular, todo un desmantelamiento de derechos reconocidos, al menos nominalmente, en esa misma Constitución, sólo intocable para lo que les interesa. Pero si fue un pacto, donde unos y otros cedieron, ahora se elimina lo que los totalitarios creen que cedieron ellos. Se han cargado la tutela de la justicia poniéndole un precio a quien litigue, dejándola como un arma para amedrentar a quien no pueda pagársela. Se cargaron esa misma justicia promocionando sólo a los jueces propios, expulsando a quienes los persigan. Se cargaron poder dirimir las distintas interpretaciones de la Constitución nombrando a un militante propio como árbitro del partido. Se cargaron los medios de comunicación privados comprándolos con dinero de todos; se cargaron la credibilidad de los públicos poniéndolos a su servicio. Son ejemplos de apropiación indebida de esa Constitución.

El derecho de manifestación, tan fundamental, ha pasado a someterse a la interpretación interesada de cualquier Delegada del Gobierno. El de igualdad ya ha desaparecido hasta del Código de Circulación. El de la libertad personal va camino de depender más de la autoridad que de la justicia. El derecho a la educación se queda para quien pueda pagársela. Se quita de la pública lo que se da a quienes defienden la misma moral excluyente del gobierno. La sanidad vuelve a ser un negocio sucio que cuenta muertos en sus balances de resultados. El derecho al trabajo ya se tilda de antisistema. Nos envenenaron estos insaciables.

Se dicen liberales pero ya están entrando a saco en mi vida privada. No quieren que comparta coche; ni que comparta casa con quienes no formo una “familia”, tal como la entienden ellos, tan católicos; ni que sea emprendedor de mi propia energía alternativa; ni que apoye con mi escaso dinero proyectos culturales que no controlan. Legislan sobre la privacidad sexual de las mujeres, maquillan las estadísticas de malos tratos, indultan la agresión sexual. Castigan con cárcel mis opiniones, por muy incorrectas que les parezcan. Ya no tengo ni derecho de alegrarme si se muere alguien cruel, ni de apoyar una protesta en las redes por si acaba en disturbios, ni de despotricar de unos símbolos que me han impuesto, ni de elegir lo que mi corazón llama patria, coincida o no con la de ellos. Ahora se peca de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Ellos incumplen su parte del pacto constitucional pero quieren que nosotros cumplamos la nuestra: monarquía, economía de mercado, indisoluble unidad. No soy tolerante, ni comprensivo, ni sumiso con quienes me hacen la vida imposible. Ya no defiendo ese espacio común porque ya no existe. Hay que crear otro. Sigo creyendo en la política, con otras maneras. En lo que quiero que venga cabe mucha, muchísima gente, expulsada del sistema, fuera del mismo. No es un proyecto de progresistas o conservadores (tiempo habrá de discutir luego) sino de respeto mutuo: no nos roben, no nos engañen, no se crean mejores (ni peores) que nosotros, defiendan lo público porque es de todos, repartan, protéjannos porque somos iguales que ustedes, pidan perdón cuando se equivoquen, váyanse cuando no sepan qué hacer, no quieran vivir de nosotros, hagámonos todos la vida mejor. Nos envenenaron tanto que ya notamos que nos crecieron las defensas. De hecho, no pierdo la esperanza de volver a ser tolerante. Después de la limpia.

Manuel J. Ruiz Torres