martes, 25 de febrero de 2014

¿Qué es la Historia?



Confieso que empiezo a divertirme tanto con las reacciones indignadas a la inteligente broma de Jordi Évole del pasado domingo como con el endiablado juego de espejos que supuso su programa. Y me agrada, por lo que engrandece el debate que, entre quienes lo detractan, haya muchas personas a las que aprecio mucho intelectualmente. No se trata de tener sentido del humor, que ya sabíamos que este país no lo tiene, salvo para reírse de seres que considera, por lo que sea, inferiores, incluyendo animales y primeros ministros. No se trata tampoco de sorprenderse de la incontable legión que, esa noche, se levantó del sillón televisivo mutada en críticos artísticos para desdeñar la obrita de Évole, comparada con la también bromita de Orson Welles que, por lo oído, es aquí objeto de un encendido debate cultureta, digno de la mejor causa futbolística. No se trata tampoco de medirnos ahí, como con un contador Geiger televisivo, nuestro sentido del humor, nuestra capacidad artística o nuestra simple perspicacia, por el momento concreto del programa en que descubrimos que todo era una farsa. Yo no lo descubrí hasta que el propio Évole nos lo contó, al final. Lo cual, a bote pronto, quiere decir dos cosas: la primera, que lo que nos contó no me pareció inverosímil, ahondando en una sospecha –fundada o no- que lleva muchos años circulando por ahí; la segunda, es que, si nos lo cuenta alguien que nos merece credibilidad (en mi caso, Gabilondo), estamos dispuestos a creernos cualquier cosa. Como explicó el propio Évole esa era la intención de su programa. No entiendo la irritación de quienes se sintieron engañados cuando, en este país, nos engañan todos los días sin avisárnoslo luego.  De hecho, el telediario de la cadena pública nos cuenta, diariamente, una realidad que es mentira. Y hay quien se la cree, y hay quien cambia de canal, a que le cuenten otras (o las mismas) noticias, según los propios interesados objetivos de las cadenas. Y si la actualidad es tan fácil de tergiversar, ¿cómo no va a serlo la Historia?

La Historia, como ciencia, ni es exacta ni es precisa (como tampoco las llamadas ciencias exactas lo son). En estadística, la exactitud mide lo cerca que de la realidad se encuentra el valor medido, y la precisión lo mucho que se repiten valores cercanos, aunque no sean ciertos. Extrapolando a la Historia, muchas opiniones coincidentes, por muy precisas que sean, no garantizan que cuenten la realidad pasada. Y tampoco llegamos a conocer completamente la exactitud de esa realidad, porque la interpretación (no deja de ser eso la Historia) que hacemos de los hechos depende de las piezas que conocemos de ellos en cada momento, nunca todas ni completas. La aparición de nuevas piezas del puzzle (documentos, confesiones personales, ciudades enterradas) nos hace replantearnos esa interpretación; a veces, incluso, para defender lo contrario que hasta entonces. Convirtiendo la Historia en un ejercicio de verosimilitud que, eso sí, debería ser siempre honesto. Y ya sabemos que no siempre lo es. (Y la manipulación puede conseguir desde resultados bobalicones, como que una mayoría se crea lo de piconeras que trabajan el carbón con cancán, madroñera y camafeo, hasta tan criminales como llamar periodo plácido a una dictadura sangrienta). La Historia, como cualquier ciencia, o como cualquier actividad humana, necesita una actitud escéptica a la hora de interpretar lo que se conoce, porque ese conocimiento podría cambiar, un poco o del todo, y porque las patrañas también pueden legarse, interesadamente, a las generaciones futuras. Creo que eso es lo principal que debería enseñarse en las clases de Historia. A dudar siempre de quienes dicen poseer la Verdad. Por precaución.


Manuel J. Ruiz Torres

viernes, 24 de enero de 2014

Presentación de "Un fuego inesperado", de Ricardo Rodríguez

Presentamos ayer en Cádiz, en la sede de la Fundación "Carlos Edmundo de Ory", Un fuego inesperado, segundo libro de poemas del escritor jerezano Ricardo Rodríguez (1961). Es también el segundo libro publicado en la Colección DKV, de la editorial Libros Canto y Cuento, que dirige el escritor José Mateos.

De izquierda a derecha: Javier Vela, Ricardo Rodríguez, José Mateos y Manuel Ruiz Torres

El acto lo inició Javier Vela, poeta y gestor de proyectos de la Fundación Carlos Edmundo de Ory, con una introducción de bienvenida, pero también de complicidad y cercanía poética con el libro que se presentaba. Como voz de la Fundación habló de los encuentros y sinergias con la Fundación Caballero Bonald, donde trabaja Ricardo Rodríguez; como poeta, señaló lo mucho que le había deslumbrado el libro que se presentaba.

A continuación, José Mateos hizo una breve presentación de esta Colección DKV, apoyada por la compañía de seguros del mismo nombre, lo que le sirvió para una corta reflexión sobre el mecenazgo privado en estos tiempos de crisis económica, también para los proyectos culturales. Este es el segundo libro de la colección, que sigue al Mirador, de Pilar Pardo. Citó los próximos proyectos de publicación, el más inmediato el libro La luz de hoy, del poeta portuense Ángel Mendoza. Sobre Un fuego inesperado, destacó no sólo la perfección formal que había alcanzado aquí Ricardo Rodriguez, sino también el "pálpito" de lo que transmitía. Ese sustantivo -pálpito-, como capacidad de conmover, es lo que diferencia el lenguaje poético del cotidiano, aún utilizando las mismas palabras. Una certera precisión que confirmaría, luego, el propio Ricardo, cuando ejemplificó esa capacidad al hablar de una piedra, como un objeto común pero capaz de servir para transmitir emociones.


Manuel Ruiz Torres empezó su presentación aludiendo a la larga amistad, de más de treinta y cinco años, que le unía con Ricardo Rodriguez cuando, como estudiantes, formaban grupo de apasionados por la literatura (Rilke, Cortázar) con otro amigo común, Ramón Hernando, a quien describió Ricardo como "poeta que aún no ha publicado nada, que su obra es su vida, él mismo".

Pasó, luego, a interpretar las tripas del libro, en sus tres partes: "Ese fuego prende cuando no había esperanza ni se creía que fuera a suceder nada favorable, que es una descripción emocional del vacío. No es un fuego fatuo porque no se inflama desde la putrefacción sino desde las propias reservas de supervivencia, como esa combustión espontánea que ya describía Virgilio como una llama que sale del cuerpo de una mujer, Julia, un fuego que lame sin llegar a quemar. Para esclarecer ese fuego, pero también para encontrarlo, Ricardo Rodríguez traza un mapa, en su libro, de tres estancias fronterizas. Son tres bloques, tres partes en el libro, pero los caminos continuamente se entrecruzan, salen de un estado emocional para volver a adentrarse en el anterior, las mismas imágenes resurgen y convergen a lo largo de todo el poemario".

Terminó la presentación el propio autor, Ricardo Rodríguez, que leyó algunos poemas del libro.


Reproducimos uno de los poemas de este brillantísimo libro:

EN AQUEL SUEÑO

Con qué delicadeza se movía
por el cielo encendido, entre los árboles,
el pájaro que ayer vi en aquel sueño.
¿Qué quería decir, qué me decía
entre las ramas súbitas y espesas,
aquella levedad de plumas blancas?
¿Que soñar es vivir y que los seres
que amamos en los sueños nos alientan
como un soplo divino al despertarnos?

Ahora, mientras miro a este otro
pájaro gris que vuelve al nido, pienso
cuál es el verdadero, si el astuto
gorrión atento y precavido
que mide las distancias,
o ese breve latido del espíritu
que ayer llenaba el bosque, en aquel sueño.

sábado, 18 de enero de 2014

SO PENA DE AMOR ROMÁNTICO

 (Imagen tomada de la web www.pikaramagazine.com)


Comparto con muchas compañeras y compañeros el convencimiento de que si la sociedad es sumisa, dominante, recelosa o insegura de sus propias capacidades, es porque nos han enseñado a amar con esos mismos presupuestos de la desconfianza, la desigualdad y la insuficiencia personal. Si no cambiamos nuestras relaciones con quienes elegimos como más cercanos o más cercanas, será imposible que las cambiemos con el resto. Ese cambio supone, nada menos, que replantearnos toda nuestra capacidad de amar  para construir nuevas formas de relacionarse, empezando por rechazar lo que, de las actuales, nos lleva a la infelicidad. Esa revolución será feminista, o no será revolución de ninguna clase. Me sorprende quienes plantean un cambio radical de sistema económico pero sin tocar el sacrosanto orden patriarcal, dejándolo en una especie de socialdemocracia de los afectos, donde se condenen las formas de maltrato menos sutiles pero no se cuestione el entender el amor como una inevitable cesión de derechos personales.

No me parecen felices quienes padecen celos, o la necesidad de la presencia permanente del otro u otra, o quienes renuncian al propio crecimiento profesional o humano, o quienes subordinan los gustos propios a los de quien escogieron. No me parecen personas felices quienes defienden perderse la mitad de sí mismas para ser la media naranja de otra persona. Como tampoco entiendo que a ese amor de las amputaciones lo llamen amor romántico. Muchas compañeras y compañeros con quienes comparto esta revolución también lo llaman así. Y creo que regalamos un término popularmente cargado de connotaciones positivas –romántico- a quienes están en el reaccionario interés de que nada cambie. Como movimiento artístico, lo romántico es la conciencia individual, la originalidad, la rebeldía, la diferencia. Mucho más cerca de ese amor insumiso, participante, no reglado, no sujeto a número ni a género de participantes, diligente, creativo, emancipado y, por convencimiento, en atención permanente. Creo que es un error concederle esos valores a ese amor ortopédico que reclama las muletas de otro para sostenerse, a ese amor resignado que no sabe prender de entre sus cenizas, a ese amor defensivo, a ese amor ciego que idealiza imposibles de cumplir, a ese amor intrusivo que se exige omnipotente, a ese amor que no sabe terminarse. A esos caminos a la infelicidad los seguimos mal etiquetando como amor romántico, incluso para criticarlo. Pero es como si, después de escribir un buen libro, bien argumentado, emocionante, confortador, la pifiáramos con un mal título que ahuyente el interés de conocer esta revolución. Encima, a nuestro amor de personas iguales y enteras lo llamamos, con asepsia, amor confluente. Como si en este amor nuevo no mandaran también el disfrute y la ternura.

Manuel J. Ruiz Torres

jueves, 16 de enero de 2014

CUATRO REFLEXIONES INQUIETANTES SOBRE LA REPRESIÓN EN GAMONAL



(Foto tomada de www.teinteresa.es)

La suspensión, justo ahora, de las obras especulativas en el burgalés barrio obrero de Gamonal nos permite detenernos en algunas reflexiones inquietantes.

1. Se extiende la convicción de que sólo se tienen en cuenta las opiniones contrarias cuando se manifiestan con violencia. Ese vecindario lleva más de tres meses protestando diaria y pacíficamente y, en ese tiempo, nadie se ha dignado a escucharles. Ocurre igual cuando otras manifestaciones y mareas de muchas miles de personas son ninguneadas, o se les provoca reduciéndolas a cifras ridículas. Es evidente que se busca desmantelar el derecho de manifestación por la vía de la desmotivación. Pero también supone dejar a las manifestaciones “autorizadas” sin su cínica utilidad de contener y encarrilar las protestas dentro de los apaciguados cauces de la democracia formal. ¿Ha renunciado el Partido Popular a mantener las apariencias de esta democracia? Si, al final, se premia la violencia, ¿tiene el Partido Popular algún interés en avivar esa violencia, por ejemplo como excusa para una represión mayor, o es simple incompetencia?

2. Se han producido detenciones e incidentes porque la policía prohibía la estancia en la calle a partir de una determinada hora, en un supuesto toque de queda. Tal figura no existe en nuestra legislación. Es más, en la sacrosanta Constitución de 1978 se  reconoce, como derecho fundamental, el de circular libremente por el territorio español (art. 19). Y, expresamente, (art. 55), sólo puede suspenderse con una declaración de estado de excepción o de sitio. El primero, por Consejo de Ministros previa autorización del Congreso, y el segundo por mayoría absoluta del Congreso. ¿Ha derogado el Partido Popular la Constitución sin que nos enteráramos?

3. La policía ha entrado en portales de bloques para continuar sus cargas. El portal es una propiedad común de las viviendas de ese edificio. Y esa misma Constitución consagra la inviolabilidad de los domicilios, “sin consentimiento del titular o resolución judicial, salvo en caso de flagrante delito”. La jurisprudencia constitucional ha aclarado el sentido de domicilio, que incluye no sólo la vivienda sino espacios anexos a la misma. De nuevo, ¿ha derogado el Partido Popular la Constitución sin que nos enteráramos?

4. Finalmente, la injuria como apabullante política de comunicación. El Gobierno ha hablado de kale borroka, de antisistemas, de profesionales itinerantes de la bronca revolucionaria, hasta de la insolidaridad –ya ven, qué sarcasmo- de quienes se oponen a convertir la vieja carretera nacional en un bucólico bulevar para bicicletas y peatones. Pero todos los detenidos viven en Burgos y no tienen antecedentes. Las fotos desmienten esa imagen prefabricada de terroristas de la calle cometiendo “atentados”, presentándolos en su naturalidad de trabajadoras y trabajadores muy indignados. Les están robando, les quieren hacer pagar otra vez por una calle que ya pagan con sus impuestos. Es un repago repetitivo que ya hace mucho que pasó de irritante. Allí y aquí. Nos están robando. ¿Cree el Partido Popular que las protestas, como algo sólo imaginable en criminales, deberían criminalizarse? Están en ello. Se llama Ley de Seguridad Ciudadana.


Manuel J. Ruiz Torres

sábado, 21 de diciembre de 2013

MORAL ÚNICA EN LA CONTRARREFORMA DEL ABORTO

                                      
La contrarreforma del aborto supone legislar desde la hipocresía. No van a disminuir los abortos mientras no disminuya su necesidad. Sólo se van a bifurcar el mismo número hacia dos caminos, bien distintos. Uno seguro, para quien pueda pagárselo, aquí u, otra vez, tras las seguras fronteras del extranjero; el otro, peligroso para la salud de las mujeres pobres, otra vez en las cloacas de la clandestinidad. Es tal este ejercicio de completa hipocresía que la nueva ley amplía las situaciones en que declara delito el aborto pero elimina las sanciones penales. Tenemos un delito que, según el sobrado paternalismo del ministro, no tendrá reproche penal para las mujeres. A las que esta ley ya les ha quitado el “derecho a la maternidad libremente decidida”. Sin decisión propia, la maternidad vuelve a retroceder a designio divino. O de los Ministerios que lleven sus asuntos acá en la tierra, como la decisión de sacar de la reproducción asistida a mujeres solas o lesbianas que expresamente quieren ser madres, en una maternidad que no es protegida porque se sale de la moral canónica, ahora otra vez obligatoria. Para ser un imposición hipócrita de cara al fundamentalismo católico, esta ley, con la inseguridad que provoca, va a causar la muerte de mujeres y niños, ya nacidos y vivos, condicionados en sus derechos a la vida -y a una vida digna- a la interpretación que, de esos derechos, haga un extraño que impone sus propios prejuicios religiosos. Ahora revestidos de mayor valor jurídico que los de la propia mujer decidiendo sobre su cuerpo. Porque esta ley subordina la vida de personas reales a la de lo que aún es una probabilidad de vida autónoma, arrogándose también la resolución de ese debate científico.

No conozco ninguna mujer a la que le guste abortar. Es una mentira muy ofensiva esa imagen truculenta que presenta el aborto como una frivolidad. No lo es. Es una decisión propia, difícil, siempre muy meditada. Es la propia mujer quien decide si quiere, o no quiere, que alguien la acompañe. Ahora la ley le impone dos tutores médicos, plazos de reflexión, la devalúa a menor de edad. Si, de verdad, quieren disminuir los abortos, que hagan viables esas posibilidades de vida futura, con políticas económicas que integren a quienes están en el paro y en la exclusión social, con salarios dignos para sostener y alimentar a una familia. Más de 13 millones de niños y niñas mueren cada año por enfermedades e infecciones directamente relacionadas con la falta de alimentos. 100 millones de niños y niñas tienen nutrición insuficiente y deficiencia de peso, y 180 millones sufren desnutrición crónica. Pero las grandes religiones, mayoritarias donde más pobreza y más muertes infantiles hay, declaran asesinato el aborto y prohíben también el uso de preservativos, o presionan a esos gobiernos contra cualquier política de planificación familiar. Ninguna reconoce su propia responsabilidad en esas muertes y en esas malas vidas que su fundamentalismo provoca. En España, más de dos millones doscientos mil niñas y niños viven por debajo del umbral de pobreza. Pero no se aprueba una ley que les garantice una renta básica, ni otra que pare los desahucios para no dejarlos a la intemperie. Ya han nacido. Al contrario. Lo que se hace es eliminar las ayudas de dependencia, o excluir personas y tratamientos de la sanidad pública, a la vez que se nos pide tener más hijas e hijos. Si quieren que disminuyan los abortos que se promueva una educación de igualdad, no de reclutamiento de fieles, que incluya una sexualidad igualitaria, no culpable ni necesariamente reproductiva, que repudie la sumisión femenina (no que la presente como un valor católico) o la prepotencia y el chantaje sentimental como formas de violencia masculina. La política de este gobierno es profundamente antivida. La hipocresía tranquiliza conciencias, pero no resuelve problemas.

Manuel J. Ruiz Torres

domingo, 1 de diciembre de 2013

Encuentro de poetas hispano marroquí en Cádiz

Organizado por la Fundación Tres Culturas del Mediterráneo y el Centro Andaluz de las Letras, se celebró en Cádiz, entre el 4 y 6 de noviembre pasados, un encuentro de poetas hispano-marroquíes con motivo de la visita a esta ciudad de la Casa de la Poesía de Marruecos. Supusieron dos días de convivencia poética, el primero y el tercero en Cádiz, el segundo en Jerez. Pude asistir a las jornadas celebradas en Cádiz y conocer directamente parte de la mejor poesía que ahora mismo se realiza en el país vecino, con la sorpresa añadida de su cosmopolitismo y la cercanía de sus imágenes y sensibilidad contemporánea. Siempre han sido muy pocos y universales los grandes temas que buscan respuesta en la poesía: el amor, el tiempo, la injusticia o la muerte. En un mundo global, la poesía diluye fronteras y se estrecha para compartir, no sólo esos grandes temas, sino también los escenarios, las referencias -cinematográficas, musicales-, las ilustraciones y, al cabo, las mismas metáforas.


En Cádiz leyeron sus poemas -algunos con su traducción al castellano, otros sólo en su idioma original- escritores como Hassan Najmi, Mourad El Kadiri, Boudouik Benamar, Azrahai Aziz, Khalid Raissouni, Ahmed Lemsyeh, Jamal Ammache y Mohamed Arch. Por parte española, Jesús Fernández Palacios, José Manuel García Gil, Javier Vela, José María García López, Virtudes Reza, Manuel J. Ruiz Torres, Yolanda Aldón, Juan José Sánchez Sandoval y Mauro Quiñones. Se acercaron al último de los recitales pero sin poder participar en el mismo, Felipe Benítez Reyes, que tenía a la misma hora un seminario de la UCA sobre su obra, y Blanca Flores, que tenía obligaciones laborales a esa hora pero que sí leyó en el recital de Jerez. Las intervenciones de cada participante fueron resumidas y traducidas al otro idioma por el poeta Khalid Raissouni, reciente traductor del Libro del buen amor al árabe, e Ignacio Ferrando Frutos, coordinador del Área de Estudios Árabes Islámicos de la UCA.

En Jerez, con los mismos poetas marroquíes, leyeron los poetas españoles Josefa Parra, Dolors Alberola, Domingo F. Faílde, Paloma Fernández Gomá, Patricio González, Blanca Flores y Yolanda Aldón.

Quiero, con la intención de mera muestra que no antología ni selección, presentar aquí algunos poemas de estos autores marroquíes.

Del poeta Hassan Najmi (Benhmed, al sur de Casablanca, 1960), este "El desierto".

EL DESIERTO
(Elegía para Mohamed Bahi)
Pero si el corazón no le subyuga la mano,
Tampoco le violentará el brazo
ALMUTANNABI


De repente me sentí abatido. ¿Habrá alguna sombra
en este páramo que no se acaba? Sólo hay
un lugar para la contemplación y la añoranza. La
nada.
Deambulábamos entre las zarzas, las rocas herrumbrosas
y las malezas, entre las raspas de sal
y los ásperos regatos. La arena de las dunas se resistía
al tiempo. ¿De dónde viene este fulgor que
ciega? ¿Irrumpe del jade o del cuarzo? Su silenció
me espantó. Veía cómo se agrietaban los labios y
se desangraban. El agua de los pellejos se había
agotado. Mi asombro me anegaba. ¿Eran dunas o
el lomo de peces en fuga? ¿Eran dunas o mujeres
desnudas?
Reclamo la generosidad de tus ojos. Tu alma es
luz
(...)

El poeta Azrahai Aziz lee uno de sus poemas.

Del poeta Mourad Kadiri (Sale, 1965) este "La estaca":

Aflojo una estaca, empuño otra
Una estaca delante, otra estaca detrás
do quiera que mire, una estaca,
bajo mí, sobre mí, a mi lado
En mi cabeza, una estaca
otra en mi corazón
Una estaca se hizo muy pequeña
Logró atravesar una de mis arterias
y esconderse
Desde allí, empezó a amenazarme
¡Cuidado! No rompas tus cadenas
Si lo haces
te encontrarás más desamparado
te cansarás y acabarás perdiéndote
¡Cuidado! No te muevas
no respires
Me dije:
esta estaca he de arrancarla con mis dientes
Primero bebamos un buen trago
Lo que la estaca cree que sólo ella sabe
yo también lo sé
Pero he acabado descubriendo
que la estaca y yo somos hermanos
Como llave y cerradura
se frota contra mí
y yo me froto contra ella
Me prepara buñuelos
y se los devuelvo untados de miel
Me moriría
si llegara a faltarme


El poeta Boudouik Benamar lee sus poemas

Del poeta Khalid Raissouni (Casablanca, 1965), el poema "La identidad- una piedra":

Bajo los rayos vivos
de un día cualquiera,
doblaron las campanas celestiales.
Sumergido en su esplendor
el palmeral cantaba
y su luna agonizaba,
un camino hacia un silencio que sobrevive.
Silencio mortal con cuerpo y alma
que desnudo se asoma
a los umbrales de la aurora,
desciende a los infiernos del vacío.
Silencio sin color, sin nombre,
arde en la oscuridad infinita.
Su grito es una llamada muda
bajo la sombra de la muerte.
Su voz es una piedra
y su identidad un tiro en la frente.

Momento de mi propia lectura, foto cortesía de Azis Azrahai

Del poeta Ahmed Lemsyeh (Sidi Ismaïl, provincia de El-Jadida, 1950), la parte del poema:

ojala si hubiera alegría se contagiara
y las letras no envidiaran a quienes he engendrado
y el saludo viniera en auxilio
cuando yo llamara
y el bien fuera un mar dulce
que saciara la sed de mi país
el amor y la verdad y la belleza serían mis señores
me convertiría en un errante mendigo
y la libertad sería mis provisiones


Imagen de los participantes en la lectura de clausura de las Jornadas en Cádiz

lunes, 18 de noviembre de 2013

El segundo hundimiento del Prestige

No sé qué celebra hoy la prensa de la derecha de una sentencia, la del Prestige, que declara la impunidad en la mayor tragedia que se recuerda del medio ambiente en España. Salvo que celebren su propia impunidad, no se entiende esa alegría que nos deja a todos (a los suyos, a los de los otros y a los de nadie) indefensos ante cualquier otra desgracia futura.


Con este precedente, no habrá responsabilidad alguna en quien decida, en adelante, para hacer mayor negocio, prescindir de medidas de seguridad o tomar decisiones temerarias, en una fábrica, en un superpetrolero o en una balsa de residuos tóxicos. Todo quedará legalmente protegido por el manto del azar y por el conformismo de las desgracias inevitables, como si la ciencia no hubiese avanzado en estos siglos, no sólo para construir peligros cada vez más considerables sino, en lo posible, para preverlos y corregirlos. La sentencia tiene un fundamento de resignación ante la calamidad que acongoja. Para absolver a los responsables, técnicos y políticos incompetentes en su soberbia, se condena a la ignominia a todos nosotros, se nos pone en verdadero peligro. Porque esa sentencia acaba de derogar, de hecho, toda la legislación medioambiental del Estado. En ese camino, no extrañan las pequeñas mezquindades, los ajustes de cuentas. Se injuria, se ridiculiza y se menosprecia a quienes allí protagonizaron también la mayor y más hermosa muestra de solidaridad e implicación en la defensa de la tierra, voluntarios y voluntarias que limpiaron de chapapote las playas de esa costa (hoy más que nunca de la Muerte). Según la portavoz popular de Medio Ambiente en el Congreso, “los voluntarios no limpiaron nada”. Asunto acabado.