viernes, 8 de mayo de 2015

LA BRUJA QUE CIERRA LA PLAYA


Mi hija creció con unos cuentos infantiles que protagonizaba un Teo de cara oronda y sonriente, resuelto, ingenioso, comprensivo y solidario con los otros niñas y niños que poblaban su mundo de pastas duras y dibujos de colores optimistas. Pronto, tendría tres años, conoció a la otra Teo. Fue en una Feria del Libro, donde siempre se movió con desparpajo. Allí, sentada en la tarima, la vimos hablar animadamente con la Teo real. Cuando le preguntamos qué le había contado, contestó que le había preguntado si ella era la bruja que cierra la playa. Por aquel entonces, cuando la sequía, había que correr de la playa para llegar a casa con tiempo para ducharse, antes de los cortes de agua. Cádiz se dividía, entonces, entre quienes tenían depósito en su bloque y no padecían los cortes de agua, y los que no lo tenían y estaban sometidos a ese horario impuesto desde los servicios municipalizados. Nosotros, que teníamos depósito, cumplíamos el horario porque lo creíamos parte de la educación de igualdad que queríamos para nuestra hija. Lo que aprendió de todo aquello, como siempre, fue mucho más.

Aprendió que no todos éramos iguales, pues algunos se quedaban en la playa cuando mejor se estaba, y no entendía esa injusticia. Y aprendió que no todos éramos solidarios, porque los vecinos de arriba no sólo se duchaban ya de noche, sino que luego –se oía perfectamente- llenaban la bañera, para vaciarla entera al levantarse por la mañana. La llenaban por si les hacía falta. En su imaginario, sólo una bruja podía obligarnos a irse de la playa, es decir cerrarla, aunque no fuera tan rigurosa con los que dejaba quedarse, seguramente amigos suyos. Pudo decírselo en persona. Imagino que ante la descomposición de quien la oyó, sometida a esa obligada corrección de tener que sonreírle al niño o niña que te está dando patadas en la espinilla. Ese día también aprendió que tener el mismo nombre no significa ser la misma persona.

Desde entonces Teo fue sólo el de los cuentos, al que quería parecerse. Y la otra, era la bruja que cierra la playa. A la que no quiso parecerse nunca. En estas elecciones va a votar por primera vez quien quiere que sea quien gobierne la ciudad donde nació. Sé que no va a confundir el cuento de su infancia con el morro de echarle cuento. Como tampoco confunde infantil con infantilismo. Porque ahora la Teo que no es oronda ni sonriente, parece que también quiere parecerse al del cuento. Y juega por la ciudad al lego con las letras grandes de su nombre, grandes como de jarrón o de cuento chino. Las coloca, estorbando, frente al Ayuntamiento, delante de las Puertas de Tierra, donde ella quiera. Las coloca porque puede, porque le gusta mucho su nombre. Para que las otras niñas y niños no le quiten la llave de cerrar sitios.


Manuel J. Ruiz Torres

miércoles, 6 de mayo de 2015

UN NUEVO AYUNTAMIENTO EN CÁDIZ


Espero con entusiasmo las próximas elecciones en Cádiz. Aparco, de momento, el disgusto de que el cambio que me gustaría para esta ciudad no se presenta como una única opción sino como dos, a las que me cuesta diferenciar. Sé que no soy el único, y tiempo habrá para que cada cual asuma su parte de responsabilidad en que esa unión no se dé aquí pero sea posible en otros sitios. Pero sigo esperanzado.  Elegiré por las personas. En la vida he tomado muchas decisiones por las formas. De hecho, si estoy tan entusiasmado con estas municipales es porque estoy convencido de que van a cambiar las formas. Cuando han deteriorado tanto las formas, recuperarlas supone una enorme profundización en la democracia participativa.

Para empezar, espero una ciudad donde se cumpla la legalidad. Donde, si nada menos que una Ley Orgánica dice que, en periodo electoral, “queda prohibido cualquier acto organizado o financiado, directa o indirectamente, por los poderes públicos que contenga alusiones a las realizaciones o a los logros obtenidos”, no tengamos más una alcaldesa ventajista que haga “visitas técnicas” a la rotonda que construye otra administración de un puente que construye otra administración. Una ciudad donde la nueva alcaldía acatara la reprimenda de la Junta Electoral por no cumplir la legalidad, en vez de hacer victimistas alusiones personales a la presidenta de ese órgano judicial, como si todo fuera un asunto personal con ella. Como espero una ciudad donde la nueva alcaldía no volviera a incumplir, el mismo día de la reprimenda, otra vez la legalidad, visitando el mismo puente con la ministra para anunciar su apertura en agosto. Y, si no cumple una ley orgánica, menos va a cumplir la instrucción que la detalla donde, expresamente, se prohíbe el reparto de folletos o las cuñas en televisión o radio detallando logros, propios o apropiados.

Que alguien gobierne considerando legítimo competir con ventaja sobre las otras opciones, tiene que ver con la vergüenza. Por eso espero un Ayuntamiento de Cádiz donde vuelva la vergüenza. Donde si hace falta una televisión pública sirva a la promoción de la ciudad, no a la carrera personal de quien la gobierne, sea quien sea. Un poco de vergüenza para que ningún concejal esgrima información confidencial de un ciudadano para amenazarlo. Donde el agua, la luz o los aparcamientos, municipalizados, mejoren la calidad de vida de sus usuarios en lugar de financiar lo que no se sabe. Porque recuperar la vergüenza empieza porque dejen de taparse, unos a otros, las desvergüenzas. Por dar explicaciones sobre cómo se gastan lo que es nuestro. Espero que la vergüenza nos traiga, a su vez, un poco de educación en las formas de gobernar. Donde no haga falta gritar para decir que no se está de acuerdo con alguien. Donde no se use el turno final para insultar a los demás, tachados como poco de ignorantes. Donde se admita con sosiego la réplica. Donde no se abandonen los plenos cuando empiezan las intervenciones del público, que no gustan. Porque la educación, entendida como una conquista de lo civilizado y no como un besamanos de súbditos, es sólo una expresión de respeto. Ya puestos, estoy deseando ser gobernado con respeto. Por alguien que cuente no sólo los que la votan sino también los que no la votan. Esa mayoría.


Manuel J. Ruiz Torres

domingo, 1 de marzo de 2015

Sobre las falsas denuncias de corrupción en la UCA

Comparto, para que se conozcan, las declaraciones del antiguo rector Diego Sales sobre los gastos de su equipo. Voy a mojarme opinando. Y aclaro que ni tengo interés personal (ni amistad ni enemistad con ningún "señalado") ni mantengo colaboración alguna con la Universidad desde hace muchos años. De aquella denuncia tan escandalosamente publicitada no ha quedado nada, salvo -y es terrible- la sospecha que quisieron extender sobre la honorabilidad y el trabajo de muchas personas. Esa sospecha, en el estado de alerta contra la corrupción en que se lanza, es suficiente para que mucha gente haya condenado (como se hace con frecuencia, sin más consistencia que la propia antipatía personal) a esas personas. Da igual que, inmediatamente, se explicaran y aportaran documentación que justificaban esos gastos. Esas réplicas aparecieron en cartas al director o en pequeños sueltos en páginas interiores, nunca en portada, donde sí se publicaron las denuncias. Volveré luego sobre el papel de la prensa.
Las denuncias llegaron en un momento tan clave que, sin entrar en juzgar intenciones (pues tampoco se conocen los autores intelectuales que las instigaron), consiguieron espantar cualquier posible alternativa en las inmediatas elecciones universitarias. Tampoco creo que partieran del actual rector, a quienes también señalaban, por omisión, esas falsas denuncias. Nadie, en su sano juicio, querría meterse en un avispero donde -con razón o sin ella- entraría en un linchamiento público. La nada sutil amenaza ha funcionado. En otros sitios a ese comportamiento mafioso le llaman Omertà.
Después está la difusión. Creo que un periódico, Diario de Cádiz, no ha cumplido en este caso las más elementales normas deontológicas. Ni la noticia salió, desde el principio, con las versiones contrastadas, ni se les ha dado luego a las réplicas la misma importancia informativa. Creo que quienes defendemos la libertad de prensa -algo sólo posible desde la autorregulación- merecemos que la apliquen con responsabilidad. Y sería deseable (lo que, desde luego, serviría para dar ejemplo moral) que reconozcan los errores. No es una debilidad; al contrario, una fortaleza que aumentaría su credibilidad. Esta actitud también sería de desear que la ejercieran los partidos, especialmente los que surgen para higienizar la política. Yo, que simpatizo con ellos, tengo que lamentar que -en este caso- se precipitaran en subirse al carro de las denuncias. Y aquí sí me gustaría que sacáramos todos nuestras conclusiones. A la corrupción hay que combatirla hasta sus últimas consecuencias. Pero es imprescindible ponerles nombres y apellidos a los corruptos para aislarlos, sin generalizar, para que tengan su castigo y no se escondan en la impunidad del mal de muchos. Y, fundamental, también deberíamos diferenciar lo que de verdad es corrupción.
Es contradictorio querer medir la eficacia de la Universidad por sus rendimientos y, acto seguido, acusar los gastos de su funcionamiento como algo corrupto. Los gastos de representación, las dietas y los viajes, si se realizan para hacer crecer la Universidad, son necesarios. Por supuesto deben estar justificados en la contabilidad pública. En este caso, lo estaban, uno a uno. Un gasto con tarjeta es perfectamente legal. Una tarjeta sólo es "negra" si es opaca a la contabilidad universitaria o a la de Hacienda. No existió ninguna tarjeta "black", no mientan, no manipulen. Otro asunto es que esos gastos deben ser también evaluados políticamente por su rendimiento, para lo que existen mecanismos de control e instituciones como el Claustro o el Consejo Social. Creo que en toda esta denuncia no se ha diferenciado -interesadamente- entre justificación y evaluación. Si estaban justificados con facturas o tickets, ni hubo nunca delito ni hubo nunca irregularidad alguna. La evaluación de esos gastos tiene que ver con la proporcionalidad entre lo gastado y lo conseguido. No me corresponde a mí hacer esa evaluación (sometida a una interpretación de política universitaria), pero sí decir que hubo resultados. En forma de nuevos destinos Erasmus, de nuevas transferencias de resultados de investigación a empresas, de nuevas becas de prácticas, de prestigio académico del profesorado gaditano en el extranjero. Toda esa actividad, en tanto la hace más competitiva, repercute en todos los estamentos de la Universidad.
Yo no quiero una Universidad endogámica en su gaditanismo; ni inmovilista para que no la señalen; ni que no se relacione con ninguna otra; ni que sólo funcione de lunes a viernes; ni que no pueda intercambiar profesorado que muchas veces, por afinidad de investigación, viene sin cobrar, sólo por los gastos de la estancia. Y que no haga nada de eso sólo por miedo a salir como corruptos en los papeles, si el viaje para cerrar acuerdos está en el lejísimo extranjero, o la cena de cortesía (que también es trabajo) pasa de las doce de la noche, o sucede en fin de semana.

viernes, 12 de diciembre de 2014

La Ley de los Etcéteras

La mal llamada Ley de Seguridad Ciudadana que aprobó ayer el Congreso supone desmantelar todo el capítulo de derechos y libertades que la desnutrida Constitución aún mantenía. Difícilmente puede aportar “seguridad” una ley que elimina la elemental seguridad jurídica de que sólo te condenen por algo que esté expresamente prohibido. Ahora queda a la ambigua interpretación de lo que “pueda alterar el orden público”, coletilla con la que terminan los artículos de la mayoría de las situaciones que penaliza. Que es tanto como meter en la ley un “etcétera” que le sirva de comodín a quien interese.

Con esta ley, cualquier autoridad puede suspender una manifestación legal sólo con considerar peligrosas las pancartas, por si se pudieran usar como palos. Cualquiera puede prohibir lo que considere irritante para alguien, por prever una reacción airada de los ofendidos. Ya sea un acto por la laicidad o una concentración de hinchas. Es una ley preventiva, pues castiga según las presunciones o los prejuicios de la autoridad, no siempre por hechos ya realizados. Vuelven a penalizar grupos, no personas que cometen delitos concretos. En esa generalidad de vagos y maleantes, la ley permite castigar (con multas, con cacheos) por el aspecto, el pelaje, las ideas o la vida privada (estar donde no deberían estar, según ellos, por ejemplo).

Es una ley ventajista pues defiende especialmente a quien la promulga. Capacita para multar todo lo que les moleste: manifestaciones, escraches, protestas pacíficas, críticas y convocatorias en redes sociales. Es una ley elitista que, aunque no le gusta al ochenta y dos por ciento de los encuestados, el gobierno mantiene en su convencida Ilustración paternalista. Es una ley justiciera, donde quien denuncia y quien castiga es la misma autoridad. Es una ley que saca ese castigo, que ahora será un trámite administrativo, de las garantías de un juicio justo, imparcial, con presentación de pruebas y testigos, y con presunción de inocencia. Esta derogación de la protección jurídica se completa con su también exclusivista Ley de Tasas, que sólo permite recurrir la arbitrariedad de esos castigos a quienes puedan pagárselo.

Es una ley inhumana que hace imposible el derecho de asilo. Es una ley opaca, que facilita la impunidad de posibles delitos cuando castiga la mera difusión de intervenciones policiales. Si éstas son abusivas, desproporcionadas o discriminatorias están penadas por el Código Penal. No se entiende que la obtención de pruebas, si ayudan a esclarecer cualquier delito, se considere colaboración con la justicia en todos los demás casos, pero merezca una fuerte multa si quienes delinquen llevan uniforme. En este exceso de celo protector, llegan a transmitir la desconfianza que el legislador parece tener en el cumplimiento legal de sus funciones de protección del libre ejercicio de derechos y de garantizar la seguridad ciudadana. Entendido en un sentido políticamente neutral, profesional y de servicio público. Este es el problema. Se legisla como si la seguridad ciudadana fuera sólo un asunto de orden público en el que se castigan las reacciones que no gustan pero no lo que las causa. El ideario y muchas de las propuestas de esta ley mordaza ya estaban, literalmente, en la Ley de Orden Público de 1959. Pero eso no es remover el pasado. Es imponerlo.

jueves, 4 de diciembre de 2014

La Escuela de Hostelería de Cádiz se encierra para no cerrar

Hoy, poco más de un año después de que los responsables políticos aseguraran que no volverían a darse más impagos, vuelven a encerrarse en la Escuela de Hostelería de Cádiz por la apatía con la que la Junta de Andalucía deja pudrirse el mejor vivero de talento para la hostelería gaditana que hemos tenido nunca. En medio de esa desgana con la que una cadena de incompetentes políticos dejan pasar el tiempo, sin capacidad para salir de una maraña burocrática que han engordado ellos mismos, está la tragedia personal de las trabajadoras y trabajadores de esta Escuela a los que, desde hace siete meses, no se les paga el trabajo que hacen.


A esos políticos no les reclamo la responsabilidad de que se vayan si no saben hacer su trabajo. Porque, escuchándolos, estoy convencido de que no saben cuál es su trabajo. Es gestionar, es administrar, es resolver. Es crear riqueza, no es secar, no es aburrir, no es desmotivar la que hay. No es justificar el poco interés y el poco tiempo que sus superiores le dedican a fortalecer el sector principal de la economía gaditana, el turismo. Es convencer a esos mismos ilustrísimos de que no es –como parecen creer- un problema menor, mal cuantificado en el número de quienes trabajan en la Escuela, sino algo tan fundamental como que la formación termina por decidir a nuestros posibles visitantes por un destino u otro. 

Hay muchos destinos más baratos que nuestra provincia, con tan buen clima como el nuestro, con una naturaleza tan hermosa y con unos ingredientes tan sabrosos como los nuestros. Si, al final, seguimos creciendo frente a las nuevas competencias es porque el turismo y la hostelería gaditanas están, en su mayor parte, en manos de personas formadas. Profesionales capaces de sorprender, de enriquecer, de mejorar un destino ya rico en lo natural. Una buena mesa y un buen hotel, comentado luego en la satisfacción de quienes nos visitaron, son nuestra más inmejorable publicidad. No sólo esos FITUR, ni esos viajes de promoción, ni esas megapresentaciones lujosas a la que tan gustosos se apuntan esos mismos políticos, y que no son más que vender humo tras humo si no existieran, sosteniendo el interés creciente por lo gaditano, tantos profesionales preparados en darle dignidad a este generoso trabajo. Ese es el verdadero problema de quedarnos sin la Escuela de Hostelería de Cádiz, de donde han surgido muchas y muchos de los reconocidos como los mejores.

A estas alturas, a esos políticos de la mensajería, conformes con hacer de meros intermediarios, apocados en no perturbarles la tranquilidad a quienes les mandan desde Sevilla, sólo les pido que se crean lo que dicen. Que defiendan esos discursos que alguien les escribe y sueltan sin arrugarse, sin que se les caiga la cara de vergüenza, tan bonitos. Eso de que el turismo es nuestra industria fundamental, la gran bolsa de empleo. No lo digo yo, lo dicen ellos. Un trabajo que, como también enseñan en la Escuela, incluyendo lo que de enseñanza tiene este encierro y esta lucha, tiene su principio en la dignidad. Condiciones de trabajo dignas y un salario digno, incluyendo el cobrarlo en cuanto se realiza. No deberían olvidarlo quienes ganan elecciones con la bandera –tan ondeada, tan bien sonante, tan correcta- de la defensa de la dignidad de los trabajadores. Pero, cuando se ponen elegantes, parecen olvidar no sólo cuál es su trabajo sino qué defienden.

lunes, 10 de noviembre de 2014

UNO DE LOS NUESTROS


El principal problema de la corrupción es la comprensión con la que buena parte de la sociedad juzga cada caso, según la simpatía o la afinidad que personalmente les despierta quien se beneficia de ella. Si esa comprensión se volviera rechazo absoluto a todos los casos, sin buscarle atenuantes o justificaciones a “nuestros” corruptos, podríamos hablar ya de casos aislables, a los que aplicar la ley. Pero la ley no resuelve ni los entramados de complicidad ni, mucho menos, las oscuridades con las que quien hizo esa ley quiso proteger a “lo suyos”.

En pocos días, hemos visto como multitud de firmas pedían un trato de impunidad para Isabel Pantoja, sólo porque les cae bien o porque consideran “menor” su corruptela, se supone que en comparación con otras más odiosas, las que practican los que no les caen bien. Desconfío de los que personalizan su indignación, nombrando solo por su nombre la podredumbre que afecta a los que él o ella no votarían nunca, ya se quejen de la Gürtel o de los EREs, para añadir, como un limbo, “y las demás cosas que pasan”. Se dice que lo que no se nombra no existe, al menos en la voluntad de quien habla. No se extrañen luego de que los partidos hagan, con los suyos, lo mismo que sus votantes. Entenderlos y protegerlos. A las pocas horas de saberse lo de los viajes de Monago, ya había salido su partido justificando esas visitas como de trabajo en las Canarias, aunque ninguno de sus correligionarios allí habían tenido reunión alguna con el viajante y les cogió con la hora cambiada para sumarse a la coartada. Si estuviera aislado, vigilado por quienes -tan de boquilla- defienden la integridad de los suyos, esa situación se habría sabido antes. Por eso me parece más grave lo que no se sabrá nunca, por la misma opacidad con la que sus señorías han regulado todo lo que hacen por nuestro bien. 

Porque puestos a indignarse me parece igual de abusivo que quien nos representa, con un sueldo sobrado para pagarse la ida y vuelta al lugar de trabajo, como hacemos todos, cargue sus escapadas personales al dinero de todos, y me da igual que sean para ver a la novia como para ver, cuando les apetezca, al marido o a la esposa. Eso que un cínico profesional de la política acaba de ampliar a “donde tienen su vida privada ese fin de semana”. Barra libre de tour operator que no sé dónde encaja en eso que el reglamento del Congreso de Diputados llama “gastos que sean indispensables para el cumplimiento de su función”. Y que en el del Senado se relaja de “indispensables” a “necesarios”. Y quizás aquí, en ser más exigentes con lo que es intolerable, a lo mejor, está la corrección de tanto expolio como padecemos.

Lo intolerable no siempre es delito. De hecho, hay una voluntad consensuada de las mayorías políticas por mantener actitudes de expolio del dinero público fuera del sacrosanto terreno de lo penal. Y eso es posible porque a mucha gente le parece normal lo intolerable, si lo hace uno o una de los nuestros. Cuando consideremos corrupción el poner a su servicio los medios de comunicación públicos, o comprar periódicos con la cuenta de los anuncios institucionales, o mantener asesores en cargos públicos para que trabajen para su partido, o usar información de la administración que gobiernan para amedrentar a sus adversarios, o que los contratos los ganen siempre legalmente los mismos, empezaremos a aislar la corrupción. No es sólo el que se lo lleva directamente. También quienes favorecen interesadamente a su grupo o partido. Los que se callan para no perjudicar a los suyos. Para que luego la organización les pague el servicio. Limpiamente.


Manuel J. Ruiz Torres

sábado, 25 de octubre de 2014

La Melaza, tambores de mujeres en el Candombe

Asistimos ayer, 23 de octubre, a la conferencia que sobre la historia del Candombe en Uruguay y la participación de la mujer en esta manifestación popular, ofrecieron dos integrantes del grupo La Melaza, Chacha (Ana Claudia de León) y Vanessa Gamarra.

El Candombe, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde 2009, es una manifestación que aúna el diálogo que se crea entre los diversos tambores, la danza que se mueve con esa música y, en ocasiones, el canto. Las componentes de La Melaza desplazadas hasta Cádiz para mostrar esta cultura afrouruguaya empezaron el acto, precisamente,,cantando su presentación. El nombre de la agrupación, la primera con la cuerda de tambores formada únicamente por mujeres, parte de la canción "Caras lindas", del compositor puertorriqueño Tite Curet Alonso: "Las caras lindas de mi gente negra / son  un desfile de melaza en flor (...)/ somos la melaza que ríe / la melaza que llora / somos la melaza que ama / y en cada beso es conmovedora".


Empezó Chacha haciendo un recorrido de la historia del Candombe. Desde el siglo XVI la trata de esclavos se convirtió en un gran negocio, en el que España entró directamente a finales del XVIII. El puerto de Montevideo se nombró único centro de entrada de esclavos negros en América. Allí, tras pasar una cuarentena, se distribuían por el resto del continente. La mayoría eran del área Bantú, bien del África Oriental (Mozambique) o de la Ecuatorial (Congo y Angola); también llegan de los reinos occidentales (Mina, Guinea, Fulah, Hauza, Carabalí). En su origen, los Candombes los celebraban los negros africanos y sus descendientes en las Salas de Naciones, según su origen, el 6 de enero, como recordatorio de la coronación de los Reyes Congos. Se nombraban un Rey y una Reina Congos, de origen africano. Algunos de aquellos instrumentos antiguos se han perdido: quijadas de burro o calabazas. Como tampoco se conocen las letras de lo que se cantaba.


Pasan a mezclarse con otros inmigrantes blancos en los Conventillos, viviendas colectivas, con cuartos individuales y comedores y baños compartidos. A partir de 1870 surgen las Comparsas de Sociedades de Negros. No surgen de cada Nación sino que ya son mezcla de las diferentes culturas de las naciones africanas. En el Carnaval de 1874 aparece la primera agrupación de blancos, la de Lubolos; comerciantes y profesionales que se pintaban de negro y vestían como los de origen africano.

Conventillo Medio Mundo, uno de los iconos de la cultura afrouruguaya

La Comparsa es la agrupación que reúne los personajes típicos del Candombe. La Mama Vieja, de baile cansino, representa toda una vida dedicada a sus tareas, es la ama de llaves, la esclava de confianza y la nodriza negra que amamantaba a los hijos de sus amos. El Gramillero o bastonero, de barbas blancas, que sabe de hierbas medicinales. El Escobillero, de atuendo africano, lleva en su indumentaria elementos de poder, como espejitos, cintas o caracoles; la escoba simboliza un arma, un instrumento de lucha.

El ritmo candombe está formado por un diálogo entre tres tipos de tambores: Piano, Chico y Repique. El más grave, el Piano, el más grande, es el que forma el ritmo, hace un llamamiento. Cada agrupación tiene un ritmo de piano que la identifica. Hay tres grandes estilos, según los lugares donde nacieron las principales agrupaciones de candombe. El estilo Cuareim, el más tradicional, con el ritmo pausado, alternando variaciones con los fraseos de los tambores repiques; el estilo Ansina, a un ritmo más rápido, donde los tambores piano combinan golpes repicados dialogando con los tambores repique; y el estilo Cordón, que es una mezcla de los dos anteriores.

El tambor Chico, el más agudo, mantiene la métrica. El tambor Repique lleva la creatividad y la improvisación.

La Melaza actuando en la plaza del Hotel Playa, el pasado domingo 19 de octubre

A continuación, Vanessa Gamarra hizo un interesante recorrido por la historia de la propia agrupación de La Melaza. Empezó con algunos precedentes de mujeres en el candombe, como un vídeo antiguo donde podía verse a una única mujer tocando en la cuerda de tambores. La única que iba sin máscara africana ni con el vestuario del resto de la comparsa. Siguió citando a otras mujeres fundamentales para el candombe, como Isabel "Chabela" Rodríguez, fundadora en 1995 del Coro Afrogama, con un importante activismo de identidad étnica y de género; o Berta Pereyra y Las Comadres.

En el 2005, con motivo del Día Internacional de la Mujer, hacen una convocatoria y desfilan, por primera vez, alrededor de 80 mujeres tocando la cuerda de tambores y unas 50 bailarinas. Después de salir en los años siguientes, en 2008 participan en el Desfile Oficial de Llamadas. Una fiesta popular en el que, durante dos días del Carnaval de Montevideo, desfilan las agrupaciones (que lo consiguen en un concurso previo) por las calles de los barrios Sur y Palermo. Ese año quedaron octavas entre veinte participantes. Este año 2014 han participado en el Desfile de Llamadas como invitadas, un honor como comparsa.

En el Desfile, que de alguna manera reproducen en los pasacalles que les hemos podido ver en Cádiz, primero va la portaestandarte, a la que sigue la bandera, y luego una serie de artilugios de fantasía (lunas, estrellas, luces), seguidos del cuerpo de baile y, tras ellas, los personajes (la mama, el gramillero y el escobero), las vedettes (una incorporación reciente, de mediados del siglo XX) y, finalmente, la cuerda de tambores, que marcan el pulso del desfile. El paso corto de las integrantes de esta cuerda de tambores se inspira en el andar lento de los esclavos, con grilletes en los tobillos, que apenas podían andar. Detrás de las comparsas se suman los seguidores o fanáticos de la cuerda y bailarines espontáneos.



Desfile de Llamadas el 14 de Febrero de 2014

Cada año eligen un motivo de vestuario y maquillaje, desde el que recordaba al origen africano de esta fiesta a los que incorporan detalles vegetales para homenajear a la naturaleza. Contaron que en 2012 mezclaron en su indumentaria y presencia los distintos orígenes del Uruguay actual. Con mujeres que representaban la criolla blanca europea, la indígena o la africana.


Actualmente el grupo está formado mayoritariamente por mujeres, de entre 20 y 55 años. Salen cada domingo por el barrio Parque Rodó, junto a la costa del Río de La Plata, donde vivían la mayoría de componentes de la agrupación cuando se fundó. La cuerda de tambores está formada exclusivamente por mujeres, si bien incluye hombres el último domingo de cada mes. En este tiempo, las mujeres han ido generando un estilo propio de tocar candombe, más cadencioso, con comunicación entre los tambores.

En el cuerpo de baile participan mujeres, hombres, niños y niñas.


Como final de su conferencia, dieron una pequeña muestra de su candembe. Nos explican en su web que tocan sobre la base del estilo Ansina, pero más lento. Con un toque firme pero no fuerte en volumen. Jugando con los matices de volumen y velocidad.

Companentes de La Melaza en Cádiz