martes, 11 de enero de 2022

MACROGRANJAS: TE QUIEREN ROBAR LAS OVEJAS, LES DIJO EL LOBO

No hay nada más necio que discutir sobre algo que nadie ha dicho. No lo voy a hacer yo tampoco porque, a estas alturas, quien haya querido enterarse de la ganadería que defiende el ministro Garzón, ya lo sabe. Lo más llamativo de todo este asunto es que muchos de quienes le critican defienden lo mismo que él, empezando por las asociaciones de pequeños ganaderos. Lo que lleva el asunto al pantanoso territorio de las antipatías, personales o políticas. Donde, como muy bien saben quiénes abonan a diario esas tirrias, los argumentos se hunden por su propio peso. Si hay algo provechoso de este bulo es que ha vuelto a traer, a nuestro hipnotizado y olvidadizo mundo de consumidores, las imágenes (para quien quiera verlas, claro) del sufrimiento animal y de la mierda (literal) con la que las macrogranjas ensucian los campos y lo que comemos.


Me pilló el infundio en Castilla y León, epicentro de esta patraña, que sólo puede entenderse en clave electoral. Allí, con elecciones a principios de febrero, el gobierno autonómico se va a decidir, muy probablemente, por los procuradores que obtengan las cuatro candidaturas vinculadas a España Vaciada, además de las otras asociaciones provincialistas que se presentan, con importante implantación en el mundo rural. Para competir con éstas en lo emocional, que ya se ha mostrado está mejor premiado en unas elecciones que la confrontación de ideas, se falsea este agravio de un enemigo exterior a la patria cárnica. Un reincidente, además, incriminado un año antes por decir lo mismo que diversas organizaciones mundiales de salud y el propio gobierno entero en sus documentos oficiales: que tenemos que comer bastante menos y -a ser posible- mejor carne.



Conozco un caso particular, por amigos de la comarca de Tierra de Campos: se ha aprobado una macrogranja en Meneses de Campos (Palencia), de más de 3000 cerdos, que producirá más de 17000 m3 de residuos purines al año, en una finca a poco más de un kilómetro del Canal de Castilla, Bien de Interés Cultural y principal fuente de regadío y consumo de agua de la zona, y a menos de seis kilómetros de la Laguna de Boada, un observatorio de aves muy frecuentado, declarado Zona Protegida por la Unión Europea. No hace falta ser muy perspicaz para entender que nadie va a hacer turismo –ni ninguna otra actividad económica- en un lugar apestoso e insano. De modo que el balance de “los puestos de trabajo” a crear, ese último as que siempre sacan de la manga, no es tampoco rentable. Esta macrogranja de Meneses dicen que creará 15 empleos, aunque en otras de tamaño similar, completamente automatizadas, sólo trabaja una persona a tiempo parcial. En las más grandes, una persona por cada 5000 cerdos. Como referencia: una de las varias plataformas turísticas oferta, sólo en Tierra de Campos, 181 casas rurales. Este problema de contaminación del paisaje y de desvalorización del territorio también empezamos a padecerlo en la provincia de Cádiz, con la proyectada instalación de aerogeneradores en pagos históricos del Marco de Jerez, que claramente perjudicarían el enoturismo.



Se conoce, con datos, cómo agrava la despoblación estos complejos industriales de seres vivos: en Balsa de Ves (Albacete) se ha pasado de 222 habitantes, antes de abrir la macrogranja, a 131 (41 % menos); en Garaballa (Cuenca), de 150 a 72 (el 52 %); de Castilléjar (Granada), donde el Grupo Fuertes, matriz de El Pozo, mantiene una macrogranja tristemente célebre por sus denunciadas condiciones de higiene y maltrato animal, y donde se producen 651000 lechones al año (la cifra no es un error), se ha ido uno de cada cinco habitantes; en Cancarix (Albacete), uno de cada cuatro.

No caeré en la denuncia fácil de señalar los vínculos familiares de políticos de Meneses de Campos con un dirigente nacional que apoya estas explotaciones, porque me parece mucho más importante apuntar lo que éstas destruyen de salud humana y bienestar animal y medioambiental, siguiendo un patrón más o menos repetido en otras macrogranjas. Este proyecto ha tenido tanta contestación en el pueblo y en la comarca, que el Ayuntamiento que lo impulsó ya ha dejado de apoyarlo, aunque va a construirse igualmente. Y aquí es donde se desnudan los dobles discursos, que no contradicciones. Porque lo que se busca, intencionadamente, es quedar bien siempre, diciendo en cada momento lo que quiere oír quien te escucha.

El Partido Popular defiende este modelo de ganadería y, a la vez, pasa a rechazarlo cuando se reúne con pequeños ganaderos o si surge un movimiento local de protesta (por ejemplo en Alpera, Pozuelo y Albacete) cuando el mal olor hace insoportable vivir en un pueblo cerca de estas instalaciones. Las Diputaciones Provinciales de Palencia (octubre 2020), Albacete (noviembre 2020) y Ciudad Real (enero 2021) aprobaron, con el voto de todos (repito, todos) los partidos que las integran, mociones contra las explotaciones de ganadería industrial no sostenible. Vox también votó, con PP y PSOE, cambiar la ordenación urbanística para limitar la capacidad de macrogranjas en Cieza (Murcia). El PSOE anunció –empiezo con dos buenos ejemplos de presidentes autonómicos muy indignados cuando alguien propone lo mismo que ellos- una moratoria para nuevas macrogranjas en Castilla La Mancha, y en Aragón ha aprobado un proyecto de ley que limita su tamaño; el ministro de Agricultura (que ahora sólo ha dicho vaguedades del tipo “es un sector potente” que él apoya) prometió el año pasado un decreto ley también para restringir el tamaño de las de vacuno y aprobó otro decreto para ordenar las granjas porcinas intensivas; el Ministerio de Transición Ecológica (ahora callado) elaboró un informe en 2019 que concluía que el 46 % de las aguas subterráneas estaban contaminadas por los fertilizantes y el estiércol de las granjas ganaderas; y ese mismo Ministerio, en otro informe de finales de 2020, admitía que casi la mitad de esos acuíferos contaminados no podrán recuperarse en 2027, plazo marcado por la Unión Europea. Finalmente, en el Plan para la Implementación de la Agenda 2030, firmado por todo el “Gobierno de España”, con prólogo entusiasta de su presidente, en el capítulo dedicado a la seguridad alimentaria y las producciones agrícola-ganaderas, se plantea que “existe todavía un reto muy importante de informar al consumidor acerca del comportamiento ambiental de aquellos sectores en los que los productos tienen un carácter más industrial” (pág. 22). Sorprende que, desde ese mismo gobierno, se denuncie que ese “reto” de informar al consumidor no le corresponde al ministro de Consumo. Algo que también les he leído a algunos periodistas que reparten credenciales de quién puede expresarse y quién no. Cierto que el plazo se fija para 2030, como el de “reducir la ingesta de alimentos de origen animal”, una recomendación que sólo le consentimos a nuestro médico, se señala para una parece que lejana “España 2050”. 



Nadie, por supuesto, va a plantearnos el verdadero problema: quién va a pagar esta larguísima transición de hábitos de consumo, que acercando el precio al valor de producirlos - es decir, de manera sostenible, con bienestar animal y con la dignidad que se merece quien trabaja en el medio rural- va sin duda a encarecerlos. Como siempre, entre las posibles opciones, habrá quien aplace las decisiones promoviendo un hermoso documento tipo “España 2200”; quien proponga la liberal solución de que cada cual coma lo que pueda pagarse (antes se decía “según su clase”, pero ahora preferimos los eufemismos que suavizan las desigualdades); y habrá quien plantee repartir ese subida de precios entre la sociedad entera. Pero no se alteren los antimpuestos, porque ese fondo público ya existe, y ya lo pagamos todos en la Unión Europea, supuestamente para mantener el territorio donde la agricultura y la ganadería se mantiene a precios por debajo de su coste: se llama Política Agraria Común. Sólo que, en su reparto, el 20 % de los beneficiarios se lleva el 80 % de los fondos, porque las ayudas directas priman la cantidad antes que la calidad, favoreciendo a los propietarios de grandes superficies de terreno (aunque no cultiven nada) o a los de voluminosas cabañas ganaderas. Y así encontramos que, mientras gigantes agroalimentarios (Campofrío, Mercadona, Azucarera, Florette), grandes corporaciones (Telefónica, y hasta hace poco, Renfe y Aeropuertos), o incluso Comunidades Autónomas (Castilla-León, Madrid, Castilla-La Mancha) reciben entre dos y ocho millones de euros, la mayoría de agricultores y ganaderos reciben unos 4000 euros al año, de media. Eso supone reforzar económicamente a quienes ya son muy poderosos, para que fijen unos precios y condiciones de trabajo que ahogan a los pequeños productores, como éstos mismos protestan, convertidos en muchos casos en subcontratados de aquellos. Cambiar ese reparto es muchísimo más difícil, (ya veremos si imposible), menos lucrativo, decididamente más antipático que señalar al diablo malo. Te quieren robar las ovejas, les dijo el lobo.

Manuel J. Ruiz Torres

jueves, 18 de enero de 2018

Manuel Ruiz Torres en "Foro Libre"

El pasado lunes en la asociación “Foro Libre” debatimos sobre mi obra literaria. En un ambiente relajado y con un público muy participativo hablamos de la curiosidad como el motor común de la literatura y de la ciencia. Que la poesía es un género tan de ficción como la narrativa, en el sentido de pretenderse una reproducción aproximada de sentimientos. Algo así como contar lo que no se sabe expresar de otra manera más que describiendo el hueco que deja cuando desaparece. Pero que la ficción no implica falsedad sino franqueza. Contamos otra fábula: que la actividad creadora se parece a las radiaciones de energía que emiten o absorben los electrones cuando saltan de un nivel a otro, ese fenómeno que estudia la espectroscopía. Algunas situaciones, personales o sociales, nos excitan (en el sentido de que nos agitan, nos activan o nos encienden) tanto que alcanzamos, por un brevísimo tiempo, unos niveles de clarividencia o de conocimiento que no son los de nuestra vida cotidiana. Después viene la técnica, el trabajo de aprender a retener, para compartir, lo que descubrimos en esas alturas, en esos momentos de versión mejorada de nosotros mismos. Sin que suponga una jerarquía de géneros literarios, hay que reconocer que en la poesía, para bien o para mal, es donde esa subida llega más alto, donde el vértigo es más grande. Terminamos hablando de libros de cocina, quizás el género literario más cercano a la vida frecuente. Contar la cocina histórica como una narración de lo que merece la atención de nuestra memoria. Buscar en la memoria de los demás lo que vamos siendo. Una manera de retener y recordar el pasado. Literatura, al cabo.


lunes, 2 de octubre de 2017

ESPAÑA, POR COJONES

Cuando se debatía la actual Constitución, Manuel Fraga defendió que no se incluyera allí la mención a las causas de disolución del matrimonio. No lo consiguió, pero aún en 1981, cuando se debatió la primera ley de divorcio, Alianza Popular, el partido donde ya militaban Aznar y Rajoy, votó en contra de esa ley que el propio Fraga calificó de “estridente”. En el mismo mitin decía que era “hora de poner orden en la casa”. Hoy no conozco a nadie (aunque los habrá) a quien le parezca bien que si, en una pareja, alguien quiere separarse, tenga que contar con el consentimiento del otro para tener el divorcio. Ni que, si el otro o la otra no quieren separarse, se prohíba el divorcio. El matrimonio obligatorio está asumido como una aberración. Esta lógica se olvida cuando hablamos de pueblos. Y no está mal recordarla porque, al cabo, estamos manejando (o manipulando, si se quiere) sentimientos.

En esta comparación, cuando una pareja está en crisis, o se abandona toda esperanza de conciliación, o se intenta un acercamiento, una reconquista, reconstruyendo la seducción. Lo que a nadie se le ocurriría, energúmenos aparte, es plantear continuar con el matrimonio a la fuerza, por cojones, porque eres mía o mío, siempre lo fuiste. Leí ayer un comentario que comparaba esta actitud con la del maltratador que insulta, desprecia, golpea, hiere o incluso mata cuando la pareja decide dejarlo. Pero mientras el Código Penal y una mayoría creciente de la población condenan lo más visible de esa violencia de género, parece como si, mucha de esa misma población, asumiera como normal que a quienes quieren separarse de nosotros hay que tratarlos a palos. Ya perdí hace mucho, desde aquellos nada inocentes boicots al cava catalán, la lógica de este peculiar ritual de apareamiento, donde el macho comienza el acercamiento propinando un par de coces.

Hoy sigo leyendo guantazos indiscriminados en nombre de la unidad de España, esa misma que ayer quedó muy malherida. Tengo amigos y familia en Cataluña, gente buena, honrada, de unas y otras ideas, que hoy se sienten excluidas, expulsadas por quienes justifican necesaria la violencia, o se la toman a broma, un chiste. Ellos la vivieron ayer en carne propia. Hoy leen que hasta eso se les niega: sus votos y sus heridas son mentira, sangre pintada, propaganda dicen estos nuevos negacionistas, vamos a odiaros sin remordimientos, os queremos.  A muchos de los de aquí también los conozco. Son amigos, vecinos, compañeros de trabajo, gente normal con los que comparto tendedero, vinos, el autobús o el médico, y que hoy se cubren de bilis, de ferocidad, de falta de empatía y de humanidad, y se suman al linchamiento, pidiendo cárcel para todos, multas e indigencia para todos, retirarles la custodia a sus hijos, disolver la autonomía, una mano mucho más dura. Nada de tender puentes, de recuperarnos. A por ellos. Y ellos, claro, vienen, y se rinden y se convierten.


Manuel J. Ruiz Torres

jueves, 10 de marzo de 2016

FEMINISTA

Precisamente porque hoy no es 8 de marzo, sino un día más de los otros 364 días, quiero recuperar este antiguo artículo publicado (dentro de la columna semanal "Los Peligros", que mantuve durante cuatro años), en "La Voz de Cádiz" el 8 de marzo del 2005. Es decir, hace once años. Antiguo artículo, que no anticuado ni, por desgracia, obsoleto.

FEMINISTA
El feminismo es un movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres. Nada más y nada menos. Sin embargo, demasiados hombres y mujeres se sienten obligados a aclarar, antes de dar su opinión sobre cualquier injusticia que afecte a una mujer, que él o ella no son feministas. Como no creo que sean mayoría quienes defienden que las mujeres tengan menos derechos que los hombres, aunque sea eso exactamente lo que están diciendo al declararse como no feministas, me parece que habría que empezar por denunciar cómo muchos interesados han conseguido manipular y denigrar el uso de una palabra noble. Hay que recuperar para el lenguaje el sentido de las ideas feministas. Me gustaría, para eso, hacer un poco de historia. Que la próxima vez que alguien, él o ella, se defina como no feminista sepa lo que dice. 

Feministas eran las sufragistas inglesas que reclamaban el derecho al voto para las mujeres y cuya organización fue considerada terrorista por Scotland Yard. Después de encarcelamientos, huelgas de hambre y la activa colaboración en la I Gran Guerra Mundial consiguieron el sufragio universal que, en España, salvo el periodo de la II República y los plebiscitos franquistas, no llegaría hasta 1976. En un país tan civilizado como Suiza, las mujeres no pudieron votar en algunos cantones hasta 1990. ¿Alguien no feminista defiende que las mujeres no voten? 

La nada sospechosa Asociación Nacional de Mujeres Españolas hacía suyas, en un manifiesto de 1918, algunas de las otras peticiones de las sufragistas reclamando, entre otros, castigo a los malos tratos, creación de escuelas públicas suficientes, derecho a ascender en los destinos, personal femenino en la policía, igualdad ante el adulterio o derechos para la mujer en el matrimonio, la patria potestad y la administración de bienes conyugales. Veamos algunas de estas peticiones que, para alguien no feminista, le parecerán sin duda radicales. Por ejemplo, si la mujer cometía adulterio una sola vez se le castigaba, pero a los hombres sólo si existía habitualidad, el amancebamiento. El adulterio se despenalizó en 1978. Si un hombre sorprendía a su mujer en adulterio y la mataba o le causaba graves lesiones, delito conocido como uxoricidio, sólo era desterrado; si las lesiones no eran graves, quedaba sin pena. Esta situación duró hasta 1961.

Si el hombre maltrataba de obra a la mujer se castigaba con arresto de unos días; a la mujer se le podía castigar por maltratarlo sólo de palabra. Si una mujer, maltratada o no, se atrevía a pedir la separación, ya fuera considerada inocente o culpable, debía abandonar el domicilio, pues la casa era considerada del marido que, como administrador de los bienes, se quedaba con todo. El divorcio no se aprobó hasta 1981. La mujer estaba obligada a seguir al marido donde éste fijase su residencia, dentro de España. Sólo hasta 1975 no se fija el domicilio por mutuo acuerdo, aunque si no hay acuerdo decide el titular de la patria potestad, que, hasta 1981, era sólo el marido. Es decir, el único que legalmente decidía sobre los hijos no emancipados. Al casarse, el marido se convertía en representante legal de la esposa. La mujer no pudo ser testigo en un testamento o tutora hasta 1958. El derecho del marido a la administración de los bienes de la pareja era tal que la mujer no podía, sin su permiso, adquirir o enajenar bienes, ni disponer de los de ambos, aunque los hubiese aportado ella, sin la licencia marital. Sólo hasta 1958 no se obliga al marido a pedir el consentimiento a su esposa para disponer de los bienes inmuebles comunes, aunque los gananciales los siguió administrando el marido, y sólo en 1981 pasan a ser administrados por ambos. Esa “licencia marital”, necesaria también para abrir una cuenta en un banco, trabajar, manejar un automóvil o tramitar un pasaporte, no desapareció del Código Civil hasta 1975. ¿Este modelo de convivencia es el que defiende quien dice ser no feminista?. Todavía falta mucho para la igualdad, pero no hay que disculparse por pedirla con su nombre.

Manuel J. Ruiz Torres

viernes, 20 de noviembre de 2015

Presentación de "Nosotros, los de entonces", de J.M. Benítez Ariza


Asistimos a la brillante presentación en Cádiz del nuevo libro del poeta José Manuel Benítez Ariza, Nosotros los de entonces. La Fundación Carlos Edmundo de Ory puso el escenario y una perfecta organización para que, en ese ambiente de relajación y confianza, tanto el poeta como su presentadora, la profesora María Jesús Ruiz, desplegaran un amplísimo repertorio de conocimientos filológicos, complicidad, estímulos clásicos, picardía e, incluso, divertidos momentos comprometedores cuando preguntas o respuestas se acercaron al desnudo moral. No hubo sumisión ni envalentonamientos. Y, en eso, pero no sólo en eso, la presentación tuvo mucho más de metáfora del amor que de cirugía. No en vano, el libro habla del amor focalizado y del difuso; del amor centrífugo y del centrípeto; del imaginario real y del tan real que cuesta imaginarnos sin él. Como dijo varias veces José Manuel, también habla de la necesidad de enamorarnos del amor. Llamarlo mera ficción sería tan injusto como negar que el amor existe, y que nos salva. Pero desentendernos de nuestra necesidad de ficción sería una irresponsabilidad. Tanto como dejar al azar toda nuestra capacidad de salvarnos. Tanto como renunciar a ser los creadores de nuestras propias fantasías; renunciar a cambiarlas y adaptarlas según nos convenga. Porque si el amor a veces salva, nuestras ficciones nos salvan siempre.


Nosotros los de entonces, toma título de un verso del poema más popular del libro de poemas de amor más popular de varias generaciones contemporáneas. Cuando Neruda empezaba su puedo escribir los versos más tristes esta noche, como colofón de amor antes de cantar desesperado, quería contar lo efímero, lo cambiante que es el amor: nosotros los de entonces, ya no somos los mismos. Este libro, a través de sesenta poemas de amor de muy distintos momentos, habla de esa transformación. Que nunca es lineal, cronológica, porque continuamente nos desdecimos, volvemos atrás, nos lanzamos a abismos nuevos. Como en todo género de ficción, y la poesía como la autobiografía lo es especialmente, hay que construir una narración, crear un orden que sea más coherente que la propia vida. Benítez Ariza los ha ordenado con la misma ironía y reflexión de todos sus libros anteriores, con la misma meticulosidad entusiasta y a la vez descreída, valga la paradoja. En esa trayectoria ha escrito algunos de los mejores poemas de amor que conozco. Amores que crecen y sobreviven a las transformaciones largas de sus protagonistas, tan cambiantes con los años o los accidentes vitales. Tan necesitados de reinventarse cada vez.

José Manuel Benítez Ariza y María Jesús Ruiz

martes, 13 de octubre de 2015

POESÍA EN EL RETRETE


Cuando viajo a algún lugar nuevo me gusta visitar sus ferreterías y sus librerías. Las primeras  me dan una idea de cómo organizan allí su vida cotidiana y las segundas de cómo se dotan de habilidades y aptitudes para mejorar esa misma vida cotidiana. A veces las ferreterías han sido sustituidas por bazares. Lo que suele indicar que un pueblo que escoge los atajos y lo perecedero es un lugar de emociones cortas, donde el pasado es un lastre y el futuro un incordio. A veces llego a pueblos sin librerías y la desolación es mayor, porque anuncian que allí ya han renunciado a recuperar esas pérdidas. Y que, aún peor, ni siquiera saben qué han perdido. No tuve tiempo de encontrar ninguna ferretería en Moguer, pero sí una de las más hermosas librerías que he visitado nunca. Me recordó otro lugar, la Casa con libros, en  La Zubía (Granada), que es aún mejor porque se puede vivir y pernoctar dentro de esa misma sensación de paraíso rabiosamente terrenal, construido con las esperanzas y las dudas humanas.

El lugar se llama La Taberna del libro y es, sencillamente, una casa ocupada por libros. Un hogar entero, con su salita de las distracciones, su comedor abrigado, su cocina de los inventos, su hervidor para el té, su habitación roja convertida en bodega. Una casa conquistada por los libros, en ese orden asambleario propio de lo que se usa. Libros tímidos en los estantes, libros abrazados entre sí sobre las sillas, libros descansando de tanto ajetreo en mitad de los pasillos, libros escondidos a la vista de quien quiera buscarlos. Libros también aseándose. Se ha escogido ese lugar que siempre se nombra con rodeos, con eufemismos, para darle su sitio a la poesía. El Váter, dice el cartel que invita a usarlo, no pidan llaves. Lugar cerrado de aguas, en su literalidad. Prefiero el antiguo nombre de retrete, por lo que tenía – y tiene- de retiro espiritual. Mente sana en cuerpo sano. Salud en el desahogo. Preferible al también evocador excusado, con lo que tiene de educada despedida breve, de discúlpeme que me ausente, lo seguiré teniendo muy presente. En pocos lugares nos permitimos mejor el reposo, la suspensión del tiempo, la introspección minuciosa, la reflexión aguda, cada vez más libres de cargas, más desintoxicados, más livianos. La poesía, como estado de excitación, crece con la calma, con el pensamiento minucioso, con la mayor autoexigencia. En determinados contextos, también con la humedad.  Esta poesía en el WC, que desborda lavabos y lavativas, está sobrada de talento, de nombres bien escogidos, de personas que acertaron con el diagnóstico y que proponen curas o limpiezas. Me alegra haber encontrado en Moguer un sitio que se atreva a llamar a las cosas por su nombre.


martes, 16 de junio de 2015

GÓNGORA, INDIGNO CONCEJAL DE CULTURA


De todo este escandalito de los tuits de Guillermo Zapata, lo que más me molesta es que las diversas izquierdas sigan tan faltas de una moral propia que, a la primera, sigan comprando la moral hipócrita y mojigata que la derecha impone siempre como verdad única. En vez de tantas disculpas, he echado en falta más gente que defendiera el derecho libre a pensar, según sea cada cual y según se sienta en ese momento, sea limpio o sucio, mayoritario o bizarro; y a poder decir libremente lo que se piensa, sin más condicionante que un cierto sentido de la oportunidad. Es decir, temporal en todo caso. Una libertad de expresión de la que se rinda cuentas, a posteriori, con severidad, en casos de injurias o calumnias personales. Una libertad que no se mida sólo porque moleste a toda esa gente que se enoja con cualquier idea que no coincida con las suyas.

En este escenario mediático desigual, sólo he visto actitudes defensivas, poniendo ejemplos de la impunidad con la que, esos mismos que se escandalizan, bromean y nos hieren continuamente, mientras se mofan de las víctimas que no consideran suyas. Entiendo que, como primer paso, hace falta esa denuncia. Que no es, como en seguida han señalado los de la moral única, el “y tú más”, sino un “tú eres un hipócrita”. Cuando lo que se denuncia es la hipocresía, por fuerza hay que poner ejemplos de gente que defiende una cosa y hace lo contrario. Pero ha faltado entrar en el asunto. El humor siempre –siempre- se burla de alguien. De gente cruel, bondadosa, incapaz, corriente, distinta, hombre, mujer. Las situaciones reales, cotidianas o no, llevadas a la exageración suelen hacernos reír, precisamente por su ridiculez. Casi siempre el chiste se queda ahí, en una descarga liberadora, en la sola risa. Pocas veces llevan a la reflexión sobre por qué nos llegan a parecer ridículos comportamientos que vemos tan a menudo. Pocas veces nos detenemos en ver la corriente vitalmente conservadora –es decir, pesimista, desconfiada- sobre la que se sostienen muchos chistes y refranes. Algunos nos parecen graciosos, otros aburridos. Desafortunados por fallidos, no porque nos escandalicen. Porque el humor, como cualquier otra opinión, es subjetivo. Te gusta o no te gusta. Y, naturalmente, empieza por uno mismo.

El humor, en tanto que exageración elaborada, es creación. No es la realidad sino una fábula de la realidad. Y ya cansa empezar con esa obviedad. No es lo mismo contar chistes antisemitas que homenajear a quienes combatieron con los nazis contra los judíos. No es lo mismo entender la sicología de un asesino para escribir una novela que ser un asesino. No es lo mismo gustarte los documentales de guerra que querer participar en una. Si se me permite descender al nivel escolar, con estos ejemplos, para señalar a los que encienden esta hoguera. Siempre ha habido inquisidores, dueños de la supremacía moral, sus únicos intérpretes. Quienes deciden qué es lo intolerable. La moral imperante nos establece los límites de lo que es admisible. Un chiste de judíos, no lo es; pero hay manga ancha para ridiculizar a los catalanes. Un chiste de musulmanes es libertad de expresión; uno de torturas puede acabar en delito de injurias. Góngora escribió pornografía, Quevedo tiene poemas machistas y antisemitas, Cervantes le escribió al hampa sevillana de valentones y rameras, Moratín se rindió en odas a las putas, Lorca llamó jorobados a los guardias civiles en un poema, Rafael Azcona se burló del sacrosanto oficio de verdugo en España. Ninguno de ellos, tan incorrectos, les serviría para concejal de Cultura.


Manuel J. Ruiz Torres

viernes, 8 de mayo de 2015

LA BRUJA QUE CIERRA LA PLAYA


Mi hija creció con unos cuentos infantiles que protagonizaba un Teo de cara oronda y sonriente, resuelto, ingenioso, comprensivo y solidario con los otros niñas y niños que poblaban su mundo de pastas duras y dibujos de colores optimistas. Pronto, tendría tres años, conoció a la otra Teo. Fue en una Feria del Libro, donde siempre se movió con desparpajo. Allí, sentada en la tarima, la vimos hablar animadamente con la Teo real. Cuando le preguntamos qué le había contado, contestó que le había preguntado si ella era la bruja que cierra la playa. Por aquel entonces, cuando la sequía, había que correr de la playa para llegar a casa con tiempo para ducharse, antes de los cortes de agua. Cádiz se dividía, entonces, entre quienes tenían depósito en su bloque y no padecían los cortes de agua, y los que no lo tenían y estaban sometidos a ese horario impuesto desde los servicios municipalizados. Nosotros, que teníamos depósito, cumplíamos el horario porque lo creíamos parte de la educación de igualdad que queríamos para nuestra hija. Lo que aprendió de todo aquello, como siempre, fue mucho más.

Aprendió que no todos éramos iguales, pues algunos se quedaban en la playa cuando mejor se estaba, y no entendía esa injusticia. Y aprendió que no todos éramos solidarios, porque los vecinos de arriba no sólo se duchaban ya de noche, sino que luego –se oía perfectamente- llenaban la bañera, para vaciarla entera al levantarse por la mañana. La llenaban por si les hacía falta. En su imaginario, sólo una bruja podía obligarnos a irse de la playa, es decir cerrarla, aunque no fuera tan rigurosa con los que dejaba quedarse, seguramente amigos suyos. Pudo decírselo en persona. Imagino que ante la descomposición de quien la oyó, sometida a esa obligada corrección de tener que sonreírle al niño o niña que te está dando patadas en la espinilla. Ese día también aprendió que tener el mismo nombre no significa ser la misma persona.

Desde entonces Teo fue sólo el de los cuentos, al que quería parecerse. Y la otra, era la bruja que cierra la playa. A la que no quiso parecerse nunca. En estas elecciones va a votar por primera vez quien quiere que sea quien gobierne la ciudad donde nació. Sé que no va a confundir el cuento de su infancia con el morro de echarle cuento. Como tampoco confunde infantil con infantilismo. Porque ahora la Teo que no es oronda ni sonriente, parece que también quiere parecerse al del cuento. Y juega por la ciudad al lego con las letras grandes de su nombre, grandes como de jarrón o de cuento chino. Las coloca, estorbando, frente al Ayuntamiento, delante de las Puertas de Tierra, donde ella quiera. Las coloca porque puede, porque le gusta mucho su nombre. Para que las otras niñas y niños no le quiten la llave de cerrar sitios.


Manuel J. Ruiz Torres

miércoles, 6 de mayo de 2015

UN NUEVO AYUNTAMIENTO EN CÁDIZ


Espero con entusiasmo las próximas elecciones en Cádiz. Aparco, de momento, el disgusto de que el cambio que me gustaría para esta ciudad no se presenta como una única opción sino como dos, a las que me cuesta diferenciar. Sé que no soy el único, y tiempo habrá para que cada cual asuma su parte de responsabilidad en que esa unión no se dé aquí pero sea posible en otros sitios. Pero sigo esperanzado.  Elegiré por las personas. En la vida he tomado muchas decisiones por las formas. De hecho, si estoy tan entusiasmado con estas municipales es porque estoy convencido de que van a cambiar las formas. Cuando han deteriorado tanto las formas, recuperarlas supone una enorme profundización en la democracia participativa.

Para empezar, espero una ciudad donde se cumpla la legalidad. Donde, si nada menos que una Ley Orgánica dice que, en periodo electoral, “queda prohibido cualquier acto organizado o financiado, directa o indirectamente, por los poderes públicos que contenga alusiones a las realizaciones o a los logros obtenidos”, no tengamos más una alcaldesa ventajista que haga “visitas técnicas” a la rotonda que construye otra administración de un puente que construye otra administración. Una ciudad donde la nueva alcaldía acatara la reprimenda de la Junta Electoral por no cumplir la legalidad, en vez de hacer victimistas alusiones personales a la presidenta de ese órgano judicial, como si todo fuera un asunto personal con ella. Como espero una ciudad donde la nueva alcaldía no volviera a incumplir, el mismo día de la reprimenda, otra vez la legalidad, visitando el mismo puente con la ministra para anunciar su apertura en agosto. Y, si no cumple una ley orgánica, menos va a cumplir la instrucción que la detalla donde, expresamente, se prohíbe el reparto de folletos o las cuñas en televisión o radio detallando logros, propios o apropiados.

Que alguien gobierne considerando legítimo competir con ventaja sobre las otras opciones, tiene que ver con la vergüenza. Por eso espero un Ayuntamiento de Cádiz donde vuelva la vergüenza. Donde si hace falta una televisión pública sirva a la promoción de la ciudad, no a la carrera personal de quien la gobierne, sea quien sea. Un poco de vergüenza para que ningún concejal esgrima información confidencial de un ciudadano para amenazarlo. Donde el agua, la luz o los aparcamientos, municipalizados, mejoren la calidad de vida de sus usuarios en lugar de financiar lo que no se sabe. Porque recuperar la vergüenza empieza porque dejen de taparse, unos a otros, las desvergüenzas. Por dar explicaciones sobre cómo se gastan lo que es nuestro. Espero que la vergüenza nos traiga, a su vez, un poco de educación en las formas de gobernar. Donde no haga falta gritar para decir que no se está de acuerdo con alguien. Donde no se use el turno final para insultar a los demás, tachados como poco de ignorantes. Donde se admita con sosiego la réplica. Donde no se abandonen los plenos cuando empiezan las intervenciones del público, que no gustan. Porque la educación, entendida como una conquista de lo civilizado y no como un besamanos de súbditos, es sólo una expresión de respeto. Ya puestos, estoy deseando ser gobernado con respeto. Por alguien que cuente no sólo los que la votan sino también los que no la votan. Esa mayoría.


Manuel J. Ruiz Torres

domingo, 1 de marzo de 2015

Sobre las falsas denuncias de corrupción en la UCA

Comparto, para que se conozcan, las declaraciones del antiguo rector Diego Sales sobre los gastos de su equipo. Voy a mojarme opinando. Y aclaro que ni tengo interés personal (ni amistad ni enemistad con ningún "señalado") ni mantengo colaboración alguna con la Universidad desde hace muchos años. De aquella denuncia tan escandalosamente publicitada no ha quedado nada, salvo -y es terrible- la sospecha que quisieron extender sobre la honorabilidad y el trabajo de muchas personas. Esa sospecha, en el estado de alerta contra la corrupción en que se lanza, es suficiente para que mucha gente haya condenado (como se hace con frecuencia, sin más consistencia que la propia antipatía personal) a esas personas. Da igual que, inmediatamente, se explicaran y aportaran documentación que justificaban esos gastos. Esas réplicas aparecieron en cartas al director o en pequeños sueltos en páginas interiores, nunca en portada, donde sí se publicaron las denuncias. Volveré luego sobre el papel de la prensa.
Las denuncias llegaron en un momento tan clave que, sin entrar en juzgar intenciones (pues tampoco se conocen los autores intelectuales que las instigaron), consiguieron espantar cualquier posible alternativa en las inmediatas elecciones universitarias. Tampoco creo que partieran del actual rector, a quienes también señalaban, por omisión, esas falsas denuncias. Nadie, en su sano juicio, querría meterse en un avispero donde -con razón o sin ella- entraría en un linchamiento público. La nada sutil amenaza ha funcionado. En otros sitios a ese comportamiento mafioso le llaman Omertà.
Después está la difusión. Creo que un periódico, Diario de Cádiz, no ha cumplido en este caso las más elementales normas deontológicas. Ni la noticia salió, desde el principio, con las versiones contrastadas, ni se les ha dado luego a las réplicas la misma importancia informativa. Creo que quienes defendemos la libertad de prensa -algo sólo posible desde la autorregulación- merecemos que la apliquen con responsabilidad. Y sería deseable (lo que, desde luego, serviría para dar ejemplo moral) que reconozcan los errores. No es una debilidad; al contrario, una fortaleza que aumentaría su credibilidad. Esta actitud también sería de desear que la ejercieran los partidos, especialmente los que surgen para higienizar la política. Yo, que simpatizo con ellos, tengo que lamentar que -en este caso- se precipitaran en subirse al carro de las denuncias. Y aquí sí me gustaría que sacáramos todos nuestras conclusiones. A la corrupción hay que combatirla hasta sus últimas consecuencias. Pero es imprescindible ponerles nombres y apellidos a los corruptos para aislarlos, sin generalizar, para que tengan su castigo y no se escondan en la impunidad del mal de muchos. Y, fundamental, también deberíamos diferenciar lo que de verdad es corrupción.
Es contradictorio querer medir la eficacia de la Universidad por sus rendimientos y, acto seguido, acusar los gastos de su funcionamiento como algo corrupto. Los gastos de representación, las dietas y los viajes, si se realizan para hacer crecer la Universidad, son necesarios. Por supuesto deben estar justificados en la contabilidad pública. En este caso, lo estaban, uno a uno. Un gasto con tarjeta es perfectamente legal. Una tarjeta sólo es "negra" si es opaca a la contabilidad universitaria o a la de Hacienda. No existió ninguna tarjeta "black", no mientan, no manipulen. Otro asunto es que esos gastos deben ser también evaluados políticamente por su rendimiento, para lo que existen mecanismos de control e instituciones como el Claustro o el Consejo Social. Creo que en toda esta denuncia no se ha diferenciado -interesadamente- entre justificación y evaluación. Si estaban justificados con facturas o tickets, ni hubo nunca delito ni hubo nunca irregularidad alguna. La evaluación de esos gastos tiene que ver con la proporcionalidad entre lo gastado y lo conseguido. No me corresponde a mí hacer esa evaluación (sometida a una interpretación de política universitaria), pero sí decir que hubo resultados. En forma de nuevos destinos Erasmus, de nuevas transferencias de resultados de investigación a empresas, de nuevas becas de prácticas, de prestigio académico del profesorado gaditano en el extranjero. Toda esa actividad, en tanto la hace más competitiva, repercute en todos los estamentos de la Universidad.
Yo no quiero una Universidad endogámica en su gaditanismo; ni inmovilista para que no la señalen; ni que no se relacione con ninguna otra; ni que sólo funcione de lunes a viernes; ni que no pueda intercambiar profesorado que muchas veces, por afinidad de investigación, viene sin cobrar, sólo por los gastos de la estancia. Y que no haga nada de eso sólo por miedo a salir como corruptos en los papeles, si el viaje para cerrar acuerdos está en el lejísimo extranjero, o la cena de cortesía (que también es trabajo) pasa de las doce de la noche, o sucede en fin de semana.

viernes, 12 de diciembre de 2014

La Ley de los Etcéteras

La mal llamada Ley de Seguridad Ciudadana que aprobó ayer el Congreso supone desmantelar todo el capítulo de derechos y libertades que la desnutrida Constitución aún mantenía. Difícilmente puede aportar “seguridad” una ley que elimina la elemental seguridad jurídica de que sólo te condenen por algo que esté expresamente prohibido. Ahora queda a la ambigua interpretación de lo que “pueda alterar el orden público”, coletilla con la que terminan los artículos de la mayoría de las situaciones que penaliza. Que es tanto como meter en la ley un “etcétera” que le sirva de comodín a quien interese.

Con esta ley, cualquier autoridad puede suspender una manifestación legal sólo con considerar peligrosas las pancartas, por si se pudieran usar como palos. Cualquiera puede prohibir lo que considere irritante para alguien, por prever una reacción airada de los ofendidos. Ya sea un acto por la laicidad o una concentración de hinchas. Es una ley preventiva, pues castiga según las presunciones o los prejuicios de la autoridad, no siempre por hechos ya realizados. Vuelven a penalizar grupos, no personas que cometen delitos concretos. En esa generalidad de vagos y maleantes, la ley permite castigar (con multas, con cacheos) por el aspecto, el pelaje, las ideas o la vida privada (estar donde no deberían estar, según ellos, por ejemplo).

Es una ley ventajista pues defiende especialmente a quien la promulga. Capacita para multar todo lo que les moleste: manifestaciones, escraches, protestas pacíficas, críticas y convocatorias en redes sociales. Es una ley elitista que, aunque no le gusta al ochenta y dos por ciento de los encuestados, el gobierno mantiene en su convencida Ilustración paternalista. Es una ley justiciera, donde quien denuncia y quien castiga es la misma autoridad. Es una ley que saca ese castigo, que ahora será un trámite administrativo, de las garantías de un juicio justo, imparcial, con presentación de pruebas y testigos, y con presunción de inocencia. Esta derogación de la protección jurídica se completa con su también exclusivista Ley de Tasas, que sólo permite recurrir la arbitrariedad de esos castigos a quienes puedan pagárselo.

Es una ley inhumana que hace imposible el derecho de asilo. Es una ley opaca, que facilita la impunidad de posibles delitos cuando castiga la mera difusión de intervenciones policiales. Si éstas son abusivas, desproporcionadas o discriminatorias están penadas por el Código Penal. No se entiende que la obtención de pruebas, si ayudan a esclarecer cualquier delito, se considere colaboración con la justicia en todos los demás casos, pero merezca una fuerte multa si quienes delinquen llevan uniforme. En este exceso de celo protector, llegan a transmitir la desconfianza que el legislador parece tener en el cumplimiento legal de sus funciones de protección del libre ejercicio de derechos y de garantizar la seguridad ciudadana. Entendido en un sentido políticamente neutral, profesional y de servicio público. Este es el problema. Se legisla como si la seguridad ciudadana fuera sólo un asunto de orden público en el que se castigan las reacciones que no gustan pero no lo que las causa. El ideario y muchas de las propuestas de esta ley mordaza ya estaban, literalmente, en la Ley de Orden Público de 1959. Pero eso no es remover el pasado. Es imponerlo.

jueves, 4 de diciembre de 2014

La Escuela de Hostelería de Cádiz se encierra para no cerrar

Hoy, poco más de un año después de que los responsables políticos aseguraran que no volverían a darse más impagos, vuelven a encerrarse en la Escuela de Hostelería de Cádiz por la apatía con la que la Junta de Andalucía deja pudrirse el mejor vivero de talento para la hostelería gaditana que hemos tenido nunca. En medio de esa desgana con la que una cadena de incompetentes políticos dejan pasar el tiempo, sin capacidad para salir de una maraña burocrática que han engordado ellos mismos, está la tragedia personal de las trabajadoras y trabajadores de esta Escuela a los que, desde hace siete meses, no se les paga el trabajo que hacen.


A esos políticos no les reclamo la responsabilidad de que se vayan si no saben hacer su trabajo. Porque, escuchándolos, estoy convencido de que no saben cuál es su trabajo. Es gestionar, es administrar, es resolver. Es crear riqueza, no es secar, no es aburrir, no es desmotivar la que hay. No es justificar el poco interés y el poco tiempo que sus superiores le dedican a fortalecer el sector principal de la economía gaditana, el turismo. Es convencer a esos mismos ilustrísimos de que no es –como parecen creer- un problema menor, mal cuantificado en el número de quienes trabajan en la Escuela, sino algo tan fundamental como que la formación termina por decidir a nuestros posibles visitantes por un destino u otro. 

Hay muchos destinos más baratos que nuestra provincia, con tan buen clima como el nuestro, con una naturaleza tan hermosa y con unos ingredientes tan sabrosos como los nuestros. Si, al final, seguimos creciendo frente a las nuevas competencias es porque el turismo y la hostelería gaditanas están, en su mayor parte, en manos de personas formadas. Profesionales capaces de sorprender, de enriquecer, de mejorar un destino ya rico en lo natural. Una buena mesa y un buen hotel, comentado luego en la satisfacción de quienes nos visitaron, son nuestra más inmejorable publicidad. No sólo esos FITUR, ni esos viajes de promoción, ni esas megapresentaciones lujosas a la que tan gustosos se apuntan esos mismos políticos, y que no son más que vender humo tras humo si no existieran, sosteniendo el interés creciente por lo gaditano, tantos profesionales preparados en darle dignidad a este generoso trabajo. Ese es el verdadero problema de quedarnos sin la Escuela de Hostelería de Cádiz, de donde han surgido muchas y muchos de los reconocidos como los mejores.

A estas alturas, a esos políticos de la mensajería, conformes con hacer de meros intermediarios, apocados en no perturbarles la tranquilidad a quienes les mandan desde Sevilla, sólo les pido que se crean lo que dicen. Que defiendan esos discursos que alguien les escribe y sueltan sin arrugarse, sin que se les caiga la cara de vergüenza, tan bonitos. Eso de que el turismo es nuestra industria fundamental, la gran bolsa de empleo. No lo digo yo, lo dicen ellos. Un trabajo que, como también enseñan en la Escuela, incluyendo lo que de enseñanza tiene este encierro y esta lucha, tiene su principio en la dignidad. Condiciones de trabajo dignas y un salario digno, incluyendo el cobrarlo en cuanto se realiza. No deberían olvidarlo quienes ganan elecciones con la bandera –tan ondeada, tan bien sonante, tan correcta- de la defensa de la dignidad de los trabajadores. Pero, cuando se ponen elegantes, parecen olvidar no sólo cuál es su trabajo sino qué defienden.

lunes, 10 de noviembre de 2014

UNO DE LOS NUESTROS


El principal problema de la corrupción es la comprensión con la que buena parte de la sociedad juzga cada caso, según la simpatía o la afinidad que personalmente les despierta quien se beneficia de ella. Si esa comprensión se volviera rechazo absoluto a todos los casos, sin buscarle atenuantes o justificaciones a “nuestros” corruptos, podríamos hablar ya de casos aislables, a los que aplicar la ley. Pero la ley no resuelve ni los entramados de complicidad ni, mucho menos, las oscuridades con las que quien hizo esa ley quiso proteger a “lo suyos”.

En pocos días, hemos visto como multitud de firmas pedían un trato de impunidad para Isabel Pantoja, sólo porque les cae bien o porque consideran “menor” su corruptela, se supone que en comparación con otras más odiosas, las que practican los que no les caen bien. Desconfío de los que personalizan su indignación, nombrando solo por su nombre la podredumbre que afecta a los que él o ella no votarían nunca, ya se quejen de la Gürtel o de los EREs, para añadir, como un limbo, “y las demás cosas que pasan”. Se dice que lo que no se nombra no existe, al menos en la voluntad de quien habla. No se extrañen luego de que los partidos hagan, con los suyos, lo mismo que sus votantes. Entenderlos y protegerlos. A las pocas horas de saberse lo de los viajes de Monago, ya había salido su partido justificando esas visitas como de trabajo en las Canarias, aunque ninguno de sus correligionarios allí habían tenido reunión alguna con el viajante y les cogió con la hora cambiada para sumarse a la coartada. Si estuviera aislado, vigilado por quienes -tan de boquilla- defienden la integridad de los suyos, esa situación se habría sabido antes. Por eso me parece más grave lo que no se sabrá nunca, por la misma opacidad con la que sus señorías han regulado todo lo que hacen por nuestro bien. 

Porque puestos a indignarse me parece igual de abusivo que quien nos representa, con un sueldo sobrado para pagarse la ida y vuelta al lugar de trabajo, como hacemos todos, cargue sus escapadas personales al dinero de todos, y me da igual que sean para ver a la novia como para ver, cuando les apetezca, al marido o a la esposa. Eso que un cínico profesional de la política acaba de ampliar a “donde tienen su vida privada ese fin de semana”. Barra libre de tour operator que no sé dónde encaja en eso que el reglamento del Congreso de Diputados llama “gastos que sean indispensables para el cumplimiento de su función”. Y que en el del Senado se relaja de “indispensables” a “necesarios”. Y quizás aquí, en ser más exigentes con lo que es intolerable, a lo mejor, está la corrección de tanto expolio como padecemos.

Lo intolerable no siempre es delito. De hecho, hay una voluntad consensuada de las mayorías políticas por mantener actitudes de expolio del dinero público fuera del sacrosanto terreno de lo penal. Y eso es posible porque a mucha gente le parece normal lo intolerable, si lo hace uno o una de los nuestros. Cuando consideremos corrupción el poner a su servicio los medios de comunicación públicos, o comprar periódicos con la cuenta de los anuncios institucionales, o mantener asesores en cargos públicos para que trabajen para su partido, o usar información de la administración que gobiernan para amedrentar a sus adversarios, o que los contratos los ganen siempre legalmente los mismos, empezaremos a aislar la corrupción. No es sólo el que se lo lleva directamente. También quienes favorecen interesadamente a su grupo o partido. Los que se callan para no perjudicar a los suyos. Para que luego la organización les pague el servicio. Limpiamente.


Manuel J. Ruiz Torres

sábado, 25 de octubre de 2014

La Melaza, tambores de mujeres en el Candombe

Asistimos ayer, 23 de octubre, a la conferencia que sobre la historia del Candombe en Uruguay y la participación de la mujer en esta manifestación popular, ofrecieron dos integrantes del grupo La Melaza, Chacha (Ana Claudia de León) y Vanessa Gamarra.

El Candombe, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde 2009, es una manifestación que aúna el diálogo que se crea entre los diversos tambores, la danza que se mueve con esa música y, en ocasiones, el canto. Las componentes de La Melaza desplazadas hasta Cádiz para mostrar esta cultura afrouruguaya empezaron el acto, precisamente,,cantando su presentación. El nombre de la agrupación, la primera con la cuerda de tambores formada únicamente por mujeres, parte de la canción "Caras lindas", del compositor puertorriqueño Tite Curet Alonso: "Las caras lindas de mi gente negra / son  un desfile de melaza en flor (...)/ somos la melaza que ríe / la melaza que llora / somos la melaza que ama / y en cada beso es conmovedora".


Empezó Chacha haciendo un recorrido de la historia del Candombe. Desde el siglo XVI la trata de esclavos se convirtió en un gran negocio, en el que España entró directamente a finales del XVIII. El puerto de Montevideo se nombró único centro de entrada de esclavos negros en América. Allí, tras pasar una cuarentena, se distribuían por el resto del continente. La mayoría eran del área Bantú, bien del África Oriental (Mozambique) o de la Ecuatorial (Congo y Angola); también llegan de los reinos occidentales (Mina, Guinea, Fulah, Hauza, Carabalí). En su origen, los Candombes los celebraban los negros africanos y sus descendientes en las Salas de Naciones, según su origen, el 6 de enero, como recordatorio de la coronación de los Reyes Congos. Se nombraban un Rey y una Reina Congos, de origen africano. Algunos de aquellos instrumentos antiguos se han perdido: quijadas de burro o calabazas. Como tampoco se conocen las letras de lo que se cantaba.


Pasan a mezclarse con otros inmigrantes blancos en los Conventillos, viviendas colectivas, con cuartos individuales y comedores y baños compartidos. A partir de 1870 surgen las Comparsas de Sociedades de Negros. No surgen de cada Nación sino que ya son mezcla de las diferentes culturas de las naciones africanas. En el Carnaval de 1874 aparece la primera agrupación de blancos, la de Lubolos; comerciantes y profesionales que se pintaban de negro y vestían como los de origen africano.

Conventillo Medio Mundo, uno de los iconos de la cultura afrouruguaya

La Comparsa es la agrupación que reúne los personajes típicos del Candombe. La Mama Vieja, de baile cansino, representa toda una vida dedicada a sus tareas, es la ama de llaves, la esclava de confianza y la nodriza negra que amamantaba a los hijos de sus amos. El Gramillero o bastonero, de barbas blancas, que sabe de hierbas medicinales. El Escobillero, de atuendo africano, lleva en su indumentaria elementos de poder, como espejitos, cintas o caracoles; la escoba simboliza un arma, un instrumento de lucha.

El ritmo candombe está formado por un diálogo entre tres tipos de tambores: Piano, Chico y Repique. El más grave, el Piano, el más grande, es el que forma el ritmo, hace un llamamiento. Cada agrupación tiene un ritmo de piano que la identifica. Hay tres grandes estilos, según los lugares donde nacieron las principales agrupaciones de candombe. El estilo Cuareim, el más tradicional, con el ritmo pausado, alternando variaciones con los fraseos de los tambores repiques; el estilo Ansina, a un ritmo más rápido, donde los tambores piano combinan golpes repicados dialogando con los tambores repique; y el estilo Cordón, que es una mezcla de los dos anteriores.

El tambor Chico, el más agudo, mantiene la métrica. El tambor Repique lleva la creatividad y la improvisación.

La Melaza actuando en la plaza del Hotel Playa, el pasado domingo 19 de octubre

A continuación, Vanessa Gamarra hizo un interesante recorrido por la historia de la propia agrupación de La Melaza. Empezó con algunos precedentes de mujeres en el candombe, como un vídeo antiguo donde podía verse a una única mujer tocando en la cuerda de tambores. La única que iba sin máscara africana ni con el vestuario del resto de la comparsa. Siguió citando a otras mujeres fundamentales para el candombe, como Isabel "Chabela" Rodríguez, fundadora en 1995 del Coro Afrogama, con un importante activismo de identidad étnica y de género; o Berta Pereyra y Las Comadres.

En el 2005, con motivo del Día Internacional de la Mujer, hacen una convocatoria y desfilan, por primera vez, alrededor de 80 mujeres tocando la cuerda de tambores y unas 50 bailarinas. Después de salir en los años siguientes, en 2008 participan en el Desfile Oficial de Llamadas. Una fiesta popular en el que, durante dos días del Carnaval de Montevideo, desfilan las agrupaciones (que lo consiguen en un concurso previo) por las calles de los barrios Sur y Palermo. Ese año quedaron octavas entre veinte participantes. Este año 2014 han participado en el Desfile de Llamadas como invitadas, un honor como comparsa.

En el Desfile, que de alguna manera reproducen en los pasacalles que les hemos podido ver en Cádiz, primero va la portaestandarte, a la que sigue la bandera, y luego una serie de artilugios de fantasía (lunas, estrellas, luces), seguidos del cuerpo de baile y, tras ellas, los personajes (la mama, el gramillero y el escobero), las vedettes (una incorporación reciente, de mediados del siglo XX) y, finalmente, la cuerda de tambores, que marcan el pulso del desfile. El paso corto de las integrantes de esta cuerda de tambores se inspira en el andar lento de los esclavos, con grilletes en los tobillos, que apenas podían andar. Detrás de las comparsas se suman los seguidores o fanáticos de la cuerda y bailarines espontáneos.



Desfile de Llamadas el 14 de Febrero de 2014

Cada año eligen un motivo de vestuario y maquillaje, desde el que recordaba al origen africano de esta fiesta a los que incorporan detalles vegetales para homenajear a la naturaleza. Contaron que en 2012 mezclaron en su indumentaria y presencia los distintos orígenes del Uruguay actual. Con mujeres que representaban la criolla blanca europea, la indígena o la africana.


Actualmente el grupo está formado mayoritariamente por mujeres, de entre 20 y 55 años. Salen cada domingo por el barrio Parque Rodó, junto a la costa del Río de La Plata, donde vivían la mayoría de componentes de la agrupación cuando se fundó. La cuerda de tambores está formada exclusivamente por mujeres, si bien incluye hombres el último domingo de cada mes. En este tiempo, las mujeres han ido generando un estilo propio de tocar candombe, más cadencioso, con comunicación entre los tambores.

En el cuerpo de baile participan mujeres, hombres, niños y niñas.


Como final de su conferencia, dieron una pequeña muestra de su candembe. Nos explican en su web que tocan sobre la base del estilo Ansina, pero más lento. Con un toque firme pero no fuerte en volumen. Jugando con los matices de volumen y velocidad.

Companentes de La Melaza en Cádiz

miércoles, 15 de octubre de 2014

Poemas con alimento, de Eduardo Fraile

Traigo aquí, en cuatro partes, el recital que dio el poeta Eduardo Fraile en la muy popular Tienda del Bacalao, Alimentación Heras, ya con ochenta años de historia en Valladolid. Fue el 12 de abril de este mismo año, 2014. Y aquí, la crónica de ese recital.

Eduardo Fraile (Madrid, 1961) es poeta y editor. Reside en Valladolid. Tiene publicados diecisiete libros de poesía textual, para nada convencional. Directa, cómplice, hermosa, humana, limpia. Trabaja, también, la poesía visual y experimental.

En esta lectura, a instancias de su amigo, Javier Heras, propietario de la tienda, recita textos que hablan de comida, no como un placer hedonista ni individual, sino como un hilo que desentraña recuerdos muy profundos, privaciones y aprendizajes. La comida, con su carga de olores y tactos, muchos años después, nos acerca al origen. Y, si estamos atentos, explica, alivia o recompensa.




Y aquí, la segunda parte de ese recital.



La tercera parte:



Y, finalmente, la cuarta parte:



lunes, 29 de septiembre de 2014

Los Pichas de La Rondilla

Los Pichas es un grupo de Valladolid que rompen el tópico de esa ciudad como conservadora, seca, aburrida. Esa ciudad existe, claro, pero a su vez hay otra que supera esa asfixia que, en los días malos llaman Valladolor, y en los buenos, Pucela. Los Pichas son un grupo realmente grande, sorprendente, fresco, que nació sin ambiciones (para cantar en la boda de un amigo) y que crece sin cambiar esa intención de cantar para divertirse. Podrían ser un grupo gaditano, si nos agarramos a otro tópico, pero ni lo son ni falta que les hace. Aunque toquen el pito de caña diciendo que son violines, o hagan popurrís de Peret, o algunas de sus letras triunfarían como las mejores callejeras del carnaval gaditano. Pero no son de este ombligo. Se declaran más que localistas, de barrio. De La Rondilla. Lugar que, en una primera visita, pocos calificarían de maravilloso, siéndolo a raudales en su diversidad, en lo natural que parece ese sitio donde han terminado por coincidir inmigrantes de todo el mundo con los emigrantes también, que llegados del campo castellano, entraron a trabajar para la Renault, en el desarrollismo de finales de los sesenta.

Los Pichas en su actuación en el Bar La Luna, de Valladolid, este viernes 26 de septiembre

Dicen que hacen rumba rondillera, que es tanto como pasar por ese ritmo y esa actitud de barrio éxitos de la copla, desde Raphael a Bambino o Lorenzo Santamaría. A veces versiones exactas, transformadas del todo por esa manera canalla o socarrona de cantarlas.



Otras, quedándose sólo con el forro para llenarlo de textos propios. Así el "Soy rebelde", que interpretara Jeanette, pasa a ser su "Voy de verde", con un guardia civil amanerado, o el "Amigos para siempre", de Los Manolos, se convierte en todo un Himno de La Rondilla.



El cantante, Javier Carballo, es también actor del prestigioso grupo de teatro para niños Teloncillo, Premio Nacional de Artes Escénicas para la Infancia y la Juventud 2013. Es, además, portavoz de la Plataforma por el Arte en Vivo de Valladolid. Junto a él, tocan Alberto Vicente, a la guitarra; Agustín de Villafáñez, (con un largo recorrido en bandas históricas de Valladolid: Reflejos, Exit, UA, Rosas en Blanco y Negro o Bitter Fix) a la percusión, e Iván Pastor, al bajo eléctrico. Tienen un directo potentísimo.

Aquí una actuación bastante completa:




miércoles, 18 de junio de 2014

NOS ENVENENARON


En unas horas (hoy mismo, 18) se presenta “Sin comillas”, libro que recopila artículos periodísticos de 22 autoras y autores con sus muy particulares maneras de entender la realidad, o  sus sucedáneos. Yo soy uno de esos autores. Como me pedían varios artículos publicados y uno inédito, me vi en la tesitura de releer mis opiniones de hace unos años, en especial los artículos políticos que bajo el título de “Los Peligros” publiqué en La Voz de Cádiz. Es decir, hace entre cinco y diez años. Lo pasé mal en esa selección porque no me reconozco ahora en aquella persona templada, tolerante, comprensiva con quienes no pensaban como yo. Argumentaba entonces cada opinión, citaba leyes, normas que se incumplían en cada crítica que les hacía. Nunca llamé a nadie mentiroso, porque eso suponía prejuzgar sus intenciones de engañarnos. En esos casos, sólo señalaba que lo que decía quien fuera no era cierto. Y recuperaba datos de la hemeroteca, declaraciones donde se pedía en la oposición lo que se negaba en el gobierno. Y viceversa. Creía en esta democracia, incluso en su aceptado juego de hipocresías que garantizaba cierta convivencia. Ya no creo.

En tan pocos años han vaciado tanto de contenido ese pacto chantajista que supuso la transición, que lo que queda ahora es sólo el culto oficial, la liturgia cada vez más preconciliar, en latín y de espaldas al público, repetitiva y autoindulgente, de elegir quienes harán lo que les dé la gana hasta la próxima. A base de quedarse con todo el sistema nos han dejado fuera a los demás. Parece que sigue sin importarles. Ya pudieras votar socialista que las circunstancias del mercado convirtieron tu elección en soluciones neoliberales para un drástico recorte del gasto social; ya votaras, a la siguiente, a los populares que, el mismo mercado de antes, convirtieron tu elección en soluciones estalinistas, como la nacionalización de la deuda. En lo que coincidieron ambos es en que había que pagar antes esa deuda que crecer como país, sin cuestionar si la deuda era justa y quienes la habían contraído, para que se la pagaran ellos, como hago yo con mi hipoteca. Nos envenenaron.

A ese primer gran legrado de la Constitución, le han seguido otros, no insignificantes. A la decepción socialista le ha seguido, con el gobierno popular, todo un desmantelamiento de derechos reconocidos, al menos nominalmente, en esa misma Constitución, sólo intocable para lo que les interesa. Pero si fue un pacto, donde unos y otros cedieron, ahora se elimina lo que los totalitarios creen que cedieron ellos. Se han cargado la tutela de la justicia poniéndole un precio a quien litigue, dejándola como un arma para amedrentar a quien no pueda pagársela. Se cargaron esa misma justicia promocionando sólo a los jueces propios, expulsando a quienes los persigan. Se cargaron poder dirimir las distintas interpretaciones de la Constitución nombrando a un militante propio como árbitro del partido. Se cargaron los medios de comunicación privados comprándolos con dinero de todos; se cargaron la credibilidad de los públicos poniéndolos a su servicio. Son ejemplos de apropiación indebida de esa Constitución.

El derecho de manifestación, tan fundamental, ha pasado a someterse a la interpretación interesada de cualquier Delegada del Gobierno. El de igualdad ya ha desaparecido hasta del Código de Circulación. El de la libertad personal va camino de depender más de la autoridad que de la justicia. El derecho a la educación se queda para quien pueda pagársela. Se quita de la pública lo que se da a quienes defienden la misma moral excluyente del gobierno. La sanidad vuelve a ser un negocio sucio que cuenta muertos en sus balances de resultados. El derecho al trabajo ya se tilda de antisistema. Nos envenenaron estos insaciables.

Se dicen liberales pero ya están entrando a saco en mi vida privada. No quieren que comparta coche; ni que comparta casa con quienes no formo una “familia”, tal como la entienden ellos, tan católicos; ni que sea emprendedor de mi propia energía alternativa; ni que apoye con mi escaso dinero proyectos culturales que no controlan. Legislan sobre la privacidad sexual de las mujeres, maquillan las estadísticas de malos tratos, indultan la agresión sexual. Castigan con cárcel mis opiniones, por muy incorrectas que les parezcan. Ya no tengo ni derecho de alegrarme si se muere alguien cruel, ni de apoyar una protesta en las redes por si acaba en disturbios, ni de despotricar de unos símbolos que me han impuesto, ni de elegir lo que mi corazón llama patria, coincida o no con la de ellos. Ahora se peca de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Ellos incumplen su parte del pacto constitucional pero quieren que nosotros cumplamos la nuestra: monarquía, economía de mercado, indisoluble unidad. No soy tolerante, ni comprensivo, ni sumiso con quienes me hacen la vida imposible. Ya no defiendo ese espacio común porque ya no existe. Hay que crear otro. Sigo creyendo en la política, con otras maneras. En lo que quiero que venga cabe mucha, muchísima gente, expulsada del sistema, fuera del mismo. No es un proyecto de progresistas o conservadores (tiempo habrá de discutir luego) sino de respeto mutuo: no nos roben, no nos engañen, no se crean mejores (ni peores) que nosotros, defiendan lo público porque es de todos, repartan, protéjannos porque somos iguales que ustedes, pidan perdón cuando se equivoquen, váyanse cuando no sepan qué hacer, no quieran vivir de nosotros, hagámonos todos la vida mejor. Nos envenenaron tanto que ya notamos que nos crecieron las defensas. De hecho, no pierdo la esperanza de volver a ser tolerante. Después de la limpia.

Manuel J. Ruiz Torres

lunes, 12 de mayo de 2014

GUAPAS, LAS SALVAJES EN EL SALÓN DE VARIEDADES



En “Guapas”, el último espectáculo de la Compañía Las Salvajes, de Guadalcacín, un sencillo salón de belleza sirve para concentrar el mundo en el cubículo de un escenario, para permitirnos mirar a través de esa ventana indiscreta algunas de las maneras con las que las mujeres se relacionan con otras mujeres. Creo que es ese, el de la comunicación femenina, el gran asunto del que trata esta obra. No tanto sobre la belleza, que la limitaría a la comedieta que no es, sino sobre las alianzas, complicidades y reproches que tejen ese universo de mujeres que, aquí expresamente, ha querido dejar fuera de cámara a los hombres. Este planteamiento no supone otra cosa que recuperar el primitivo sentido del teatro, que fue antes necesidad de comunicación que expresión artística. Algo que vino después, cuando se pasó del rito al mito, y el instinto se revistió de literatura. Una evolución que también conquista esta obra, según avanza, y a la que le llega igualmente el arte –a raudales, incluso, sobrado- pero como consecuencia del propio talento individual de las actrices y del director, no de un rebuscado texto complacido. Me cuesta llamar “teatro aficionado” a la mágica complicidad que estas grandes actrices consiguen con su público. Es cierto que, fuera de estas horas de exposición asombrosas, se dedican a trabajos más manidos; pero, y aquí el hechizo del teatro, en escena, estas Salvajes se engrandecen hasta hacer parecer fácil y fluido  lo que no puede ser más que consecuencia de mucho trabajo y de mucha agudeza personal bien dirigida.

El guión, desarrollado por Julián Oslé, de reconocida trayectoria en grupos teatrales importantes de la provincia, es una envenenada sucesión de pequeñas escenas en la que, con apariencia bondadosa y sin maniqueísmos, se va destripando una delicada red de pequeños rencores, sueños merecidos, personas buenas y malas, lucha de clases y, cómo no, también las exigencias que la sociedad –incluidas también bastantes mujeres- impone sobre la figura, el porte y la belleza del ideal femenino. La crítica, con el vehículo deliberadamente divertido del teatro de cabaret, de esa imposición de lo externo sobre lo sustancial, es permanente en la obra. Otras, en montajes más cargantes, ya la habían planteado. Pero, aquí, la genialidad –y, a la vez, lo que hace que esta crítica social sea permeable y cale en más público- es el formato elegido. Oslé partió, para su montaje, de un texto de Carmen Pombero, guionista de series televisivas de éxito (como “Mujeres” o “Sin tetas no hay paraíso”), donde utiliza las hechuras bien organizadas de lo que llamamos comercial, para darle absoluto protagonismo a esas mujeres capaces de apoderarse de su propia existencia, sin estridencias pero también sin mansedumbres. Julián Oslé hilvana esas escenas en una obra coral, sin destacar unas mujeres sobre otras, con las puntadas del teatro de variedades. Un género a recuperar, y que esta obra, “Guapas”, dignifica con ingenio, aprovechando la empatía con la que el público recibe esta explosiva combinación de humor, música, mímica y agudeza verbal. El gran éxito de esta obra es su capacidad de evocar, incluso en jóvenes que no lo vivieron pero crecieron con ese acervo cultural común, los grandes momentos del teatro chino de Manolita Chen o los fastuosos espectáculos de las salas de fiesta, como el Pay Pay gaditano o El Plata de Zaragoza, que, en un contexto patriarcal no muy distinto al que aún vivimos, eran soterradas subversiones del orden establecido. La parodia, y entonces el público encaja que lo que ha visto es puro teatro social, muy bueno, acaba con el reparto de sus propias fotografías por las actrices, mujeres muy reales, verdaderas triunfadoras de este escarnio de cualquier superficialidad, sea de belleza natural u operada.


Manuel J. Ruiz Torres

Imagen del Almanaque de Las Salvajes 2014